
“Noises off!” (me referiré a ella por su título original a partir de ya) es un ejercicio estilístico de teatro dentro de teatro. En este caso, de teatro dentro de cine. Pero no al uso, ni mucho menos: se suele utilizar el formulismo “teatro filmado” poco menos que peyorativamente, para hacer referencia a un modo de filmar pausado, sin exteriores, con largas y escasas escenas, mucho monólogo interior y, para qué nos vamos a engañar, más bien espesito... Pues bien, poco de esto vemos en “Noises off!”, excepto que apenas hay exteriores. La sinopsis no puede ser más pelada. Historia en tres actos (ensayo de vestuario la noche antes del estreno, una matinée en Miami y opening day en Cleveland) en la que nos muestran, en clave de alocada screwball, las miserias del grupo de teatro que pergeña e interpreta una obrita de vodevil abrepuerta-cierrapuerta llamada “Nothing on”. Hay muy poco más, si nos referimos tan sólo al argumento. Pero es en el resto donde Bogdanovich echa el ídem. A veces, la comedia no es más que pura relojería suiza: las cosas han de ocurrir en el momento justo, ni antes ni después. En ese sentido, “Noises off!” es un Cartier con pedrería para doblarte la muñeca. Apoyado en unos actores en perfecta sintonía con el proyecto, despojados de toda necesidad de protagonismo, el director neoyorkino compone un vodevil de doble cara en tres actos in crescendo que consigue que acabes, literalmente, doblado de la risa. La primera parte, el ensayo de luces, asoma ya la catarata de conflictos que asoman amenazantes desde una cierta “calma” (entrecomillado, claro: es la noche antes del estreno, y el director, un inconmensurable Michael Caine, expresa su histerismo a golpe de réplica vitriólica). Predomina el diálogo, se nos enseña el primer acto de “Nothing on”, y ya podemos presenciar las debilidades de cada uno de los protagonistas, interpretados por, en pie todos: John Ritter (dubitativo, no tiene clara su idea de... nada); Nicolette Sheridan (esa mujer desesperada, aquí ejerciendo de rubia-tonta modelo “¿dónde está mi lentilla?-ay, qué boba, la llevaba puesta”); Christopher Reeve (excelente, a su personaje le faltan dos hervores para tener algo que parezca una personalidad); Carol Burnett (haciendo de diva de vuelta del esplendor, más-pallá-que-pacá); Marilu Henner (quizás el personaje menos caracterizado, hace bulto y punto); Julie Hagerty (timorata y sufrida correveydile de la compañía); Mark Linn-Baker (chico-para-todo estresado más conocido por ser el “pimo Laddy” de Balki Bartokomous, el hombre de Mipos, en “Primos lejanos”); y, por último, el gran Delholm Elliot, que con este entrañable borrachuzo dio por finalizada su carrera cinematográfica, falleciendo poco después del rodaje.
Después del quién es quién, Bogdanovich acelera el ritmo (y las carcajadas) en la segunda parte, la matinée de Miami, donde la escena se centra en los bastidores; es en este acto donde la coreografía de los actores, tanto entre ellos como con la cámara, alcanza unos niveles de perfección inimaginables, combinando saltos, tropiezos, botellas de JB saltarinas y platos de sardinas juguetones a ritmo de Fernando Alonso (sin mecánico saboteatuercas). Todo ello mientras al fondo percibimos que la representación de la obra, mal que bien, continúa. En el tercer acto del filme, Bogdanovich vuelve a situarnos delante de la cuarta pared para presenciar el definitivo despiporre de la obra y de sus intérpretes, que en una mezcla inenarrable de neurosis actoral, chaladuría, alcohol, hormonas, torpeza e improvisación acaban en el escenario más temido por cualquier director, y no sólo de teatro: el caos sin solución.
Cualquier director que no sea David Lynch, claro...
3 comentarios:
El gran acierto de Bogdanovich en esta comedia (una de las mejores que me he echado en cara nunca)es aparte del acertado y magnífico guión, la magnífica dirección de actores. Todos brillan sin pisarse unos a otros y mostrando algunos una vis cómica que yo, francamente les desconocía hasta ver este film por primera vez.
Muy pocas películas pueden presumir de mostrar en tres ocasiones la misma historia de formas tan distintas y descacharrantes sin perder un ápice de frescura e imaginativa.
Solo el ver la sucesión de escenas en las que Caine le va dando dinero (cada vez menos) a Linn-Baker para comprar flores, hasta llegar a ese cactus esmirriado que acaba en el pandero del gran Michael, solo esta parte vale por muchas comedias enteras de las que se nos muestran en estos tiempos que nos está viniendo en este género que tanto amo y que cada vez está mas enquistado.
¡¡Sardinas por aquí, sardinas por allá!!! Grande, Carol!!!!
Por no hablar de cada vez que anuncian "faltan tantos minutos para el comienzo de la obra", y los pobres jubilados que están de público sin saber si tienen tiempo para ir al lavabo o no! . El segundo acto es una maravilla de mímica sincronizada a un ritmo frenético. Lástima que esta película no sea más conocida.
Todo un ejercicio de estilo de comedia que nadie ha tenido los güitos de igualar, una rara avis en el cine contemporáneo. Pero pongo este comment para desearte suerte, J.R., para el foro que has creado, y para agradecerte que hayas puesto un post-it fijo con un enlace para el blog de Alicia. Es todo un detalle. Gracias mil.
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