
Me enfrento a este post con un catarro febril de narices (nunca mejor dicho), experimentando dolor en partes de mi cuerpo hasta ahora desconocidas para mí, así que disculpen los lectores si encuentran más barbaridades de lo habitual en el escrito, y doy gracias al señor (Gates) por el corrector de Word. Y empiezo manifestando la sorpresa que me he dado a mí mismo al repasar la carrera de la actriz que merece los honores de mi artículo. Si a cualquier cinéfilo de mi edad, o superior (o MUY superior, caso de la
bienquerida Directrice), se le menta el nombre de
Susan Sarandon, raro será el que no la reconozca como una de las intérpretes más sólidas, creíbles, profesionales e indiscutibles del panorama. Su mirada intensa, esos ojos saltones que amenazan con no volver a pestañear jamás, su capacidad para otorgar credibilidad a cada personaje que se le cruza por delante, su versatilidad para afrontar distintos géneros, son marcas de fábrica que distinguen a una gran diva del cine. Sin embargo, repasa uno su ficha de Imdb, filtra imaginariamente por “peliculones, obras maestras, directores de fuste”, y le salen muchos menos resultados de los que se podría esperar. Y si de esos resultados eliminas los asociados a “nepotismo” (uséase, los largos dirigidos por su marido), la cosa se torna más incomprensible. Veamos.
Su primera aparición remarcable es en “
The Rocky Horror Picture Show”, el clásico cult-musical-destroyer, lo cual ya da una idea de que no estamos ante una actriz de intenciones convencionales. Dato confirmado cuando
Louis Malle se fija en ella para ser la madre de
Brooke Shields en “
La pequeña”, quedando tan satisfecho de su trabajo que repite en “
Atlantic City”, de la cual la Sarandon saca su primera nominación al Oscar. Desde la perspectiva, se podría decir que son sus mejores años, coronados por el debut en la dirección del amante de las cortinas azules,
Tony Scott, el hermanísimo, en la polémica y asfixiante “
El ansia”; en dicha película la Sarandon se marca un numerito lésbico con
Catherine Deneuve que pone
palote a toda la audiencia masculina y parte de la femenina y que reivindica a la Sarandon en su bichorrarismo, de tal manera que durante unos años se dedica a apariciones en miniseries de televisión de más o menos prestigio. Hasta que llega JACK.
Y con
Jack Nicholson, y
Michelle Pfeiffer, y
Cher (ojito-parche pirata: en cuatro nombres tenemos resumidos buena parte de los ochenta cinematográficos), a las órdenes de
George Miller, urden “
Las brujas de Eastwick”, un comercialísimo éxito con más mala leche de la que pudiera aparentar en un principio, y Susie, que demuestra su capacidad para (también) la comedia, vuelve al primer plano; o, mejor dicho, aparece por primera vez en el primer plano del stablishment de Hollywood. “
Los búfalos de Durham”, una correcta película alrededor del deporte nacional americano por excelencia (en TODAS las casa yanquis hay un bate de béisbol, sea para jugar, sea para saludar las costillas del pandillero rival) la solapan con una nueva estrella emergente llamada
Kevin Costner: la Sarandon ya es una más en el sistema. Excepto que en esa película conoce a un señor muy alto y muy, muy protestón.
Tim Robbins.
Y así es como las cosas, queridos padawanes, evolucionan. Después de una serie de filmes intrascendentes, Susan Sarandon se vuelca en su participación en “
Thelma & Louise”, el panfleto protofeminista del
hermano del hermanísimo, que le otorga una nueva nominación, más que merecida, a los premios del calvo dorado. No gana, pero entra en la rueda de los oscars al estilo
Meryl Streep: la nominan con cualquier cosa (cualquier cosa: “
El cliente”). Sin embargo, no consigue llevárselo ni con esta ni con la pelín plañidera “
Lorenzo's Oil”, su nueva colaboración con George Miller; tiene que esperar a la segunda película de su maridísimo, “
Pena de muerte”, para llevarse el merecido premio, en la que es, probablemente, su mejor interpretación, esa Helen Prejean sentimental, fuerte, terca y extremadamente bondadosa a la que su experiencia con el lado salvaje de la vida está a punto de desbordar. La mirada de la Sarandon en esa película deja marcas indelebles en cualquier espectador con un centímetro cúbico de corazón. A estas alturas, el firme posicionamiento político progre-pacifista de la pareja Robbins/Sarandon está al cabo de la calle, y su activismo se multiplica por doquier, en proporción inversa a la carrera de nuestra heroína. ¿Casualidad? Don't think so, bitches.
Aparte de sus colaboraciones en los
proyectos maritales, desde el Oscar sólo se la ve en melodramas de
usar y
tirar en los que ella es lo mejor de la película, y en la crepuscular “
Al caer el sol”, en la que se bate con dos pesos pesados de la categoría de
Paul Newman y
Gene Hackman. Desde entonces su carrera se ha limitado,
prácticamente, a aportar su voz a largometrajes animados y a hacer de sufrida madre en productos de medio pelo (duele a los ojos verla en la sonrojante “
Speed Racer”), con la excepción de “
En el valle de Elah”, en la que también hace de sufrida madre, pero por lo menos es una buena película, y su papel, aunque corto y algo arquetípico, deja claro que no ha perdido ápice de su talento. En principio, se presenta un año en el que vamos a volver a disfrutar de él, con varios estrenos pendientes, por encima de todos el de “
The lovely bones”, la nueva película de
Peter “anillitos” Jackson. Quizás Jackson devuelva a esta mujer de ojos penetrantes y atípica belleza a un lugar más acorde con su brillantez. Que no sólo está
Meryl Streep en el catálogo de actrices maduras, señores.