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SETENTA BALCONES Y DICK WATSON



“Argentinada”: dícese de la película argentina caracterizada por unos brillantes y logorreicos diálogos y una constante búsqueda de uno mismo por parte de los diferentes personajes (viva el psicoanálisis) (el día que Woody conozca Buenos Aires se nos ancla en Chacarita...). Esta es la percepción general y arquetípica que tenemos todos respecto del cine proveniente de este curioso, interesante y acomplejado país. Y es una percepción general gracias a que en los últimos años nos han llovido muestras y ejemplos a borbotones. Y, por ello/oye, nos hemos dado cuenta de que el cine argentino lleva ya unos añitos en un envidiable momento de forma; con la particularidad de que, además, tienen un sello, una marca de agua, una naturaleza propia. Ojalá el cine español tuviera ese sello: aquí es mejor no aspirar a ser anatemizado con el despectivísimo término “españolada”... Uno de los fenómenos de longevidad en las pantallas patrias, y máximo ejemplo del tipo de cine expuesto anteriormente, es la maravillosa “El hijo de la novia”. Es muy difícil encontrar un compendio de profesionales en estado de gracia al mismo tiempo como este. El guión, espléndido, de un ritmo naturalísimo, sin altibajos, con unos diálogos superlativos; la dirección (como el guión, del talentoso Juan José Campanella), muy elegante, discreta, dándole el tiempo necesario a los intérpretes a que se expresen, se explayen; y, por supuesto, los actores. Inconmensurables. Todos. Esteeee... concretemos, ché.

“El hijo de la novia” nos cuenta la crisis existencial de Rafael Belvedere (Ricardo Darín, ese extraordinario tipo normal), un cuarentón ahogado por las responsabilidades: un restaurante (erigido por su padre) que le está comiendo a deudas (ojo al sutil juego de palabras: restaurante, comiendo...) (sí, vale, penoso ¿y qué esperabais? Con lo que paga Alice la Directrice, no leeréis nada mejor...), una hija compartida con su ex-mujer, una madre con Alzheimer (Norma Aleandro, plenísima de registros y recursos) a la que no ve desde hace más de un año, un padre que le hace sentirse culpable de todo sin pretenderlo, una novia que pide a gritos un paso más en su compromiso, y la propia Argentina estrangulada por débitos y desmanes... Todo se acaba de complicar con un infarto, la aparición de un amigo de la infancia que no ve desde hace veinte años, y el gran proyecto de su padre. Que no es otro que casarse con su madre, un regalo que le negó durante todo su tiempo en convivencia. Naturalmente, todo esto le explota a Rafael en la cara, y le hace replantearse su orden de prioridades respecto de la vida. Presenciamos, en definitiva, la aceleración de la segunda madurez de Rafael. Pero hay mucho más en este film. Es una comedia, y los diálogos y las situaciones divertidas se repiten con asiduidad, a veces a pesar de la amargura de la situación (Norma vuelve a la residencia después de un paseo y dice que no quiere meter ahí a su marido...). Valga como ejemplo, pero hay muchos más, este diálogo entre Rafael y Juan Carlos (Ricardo Darín y Eduardo Blanco, nacieron el uno para el otro) que nos enmarca en la situación en la que se encuentra el país:

- ¿No me viste en la última película que hice?
- No, es que yo cine argentino no veo... Ando loco detrás de las cuentas todo el día.
- No, yo realidad argentina no veo...

Pero hay una inusual ternura que destila toda la cinta, de aquellas que rezuman autenticidad, nada de falso y ñoño sentimentalismo. El monólogo de un imperial Héctor Alterio glorificando el recuerdo de Norma en el restaurante, con voz firme y emocionada a la vez, pone los pelos como escarpias. Y, por supuesto, alguna que otra patada de amargura como la que le propina Rafael a la Iglesia, en forma de cura intransigente, en otro monólogo espectacular sobre el mal llamado “discernimiento”...

Como decía al principio, los actores están en estado de gracia. Ya hemos hablado de los principales, pero quizás una de las claves del film esté en la profundidad de sus personajes secundarios, y sus intérpretes no son ajenos a ello, sino todo lo contrario. Tanto Natalia Verbeke como Eduardo Blanco dan fuste a sus agradecidos personajes, pero quisiera también hacer mención a Claudia Fontán, quien borda en dos escenas a la ex-mujer de Rafael, Sandra; en concreto, le suelta un monólogo-cañonazo en contra de su idea de llevarse a su hija a México que nos deja los ojos como a Malcolm McDowell en “La naranja mecánica”...

Para finalizar, dos apuntes. Si alguien tiene curiosidad por el poema de los 70 balcones, que pinche aquí. Y si alguno de vosotros ha visto la película y aún no sabe quién es Dick Watson, que empiece a acostumbrarse a esperar al final de los títulos de crédito...

9 comentarios:

Viena dijo...

Diooooss, voy a tenerme que acercar al videoclub, alquilar la peli y verla de nuevo, títulos de crédito incluídos, que ahora ya tengo un sinvivir sin saber quien es Dick Watson...
Bueno,y también porque hace mucho que la ví en el cine y aunque la recuerdo con agrado arrinconé los detalles y porque creo que me perdí la primera media hora intentando acostumbrar mi oído al acento argentino y porque me apetece sonreír y soltar alguna lagrimilla con una peli que cuenta historias aparentemente (sólo aparentemente)sencillas.
En fin, que gracias por recordármela.

alicia dijo...

Siempre es una alegria dar la bienvenida a alguien nuevo. Gracias por leernos, Viena.

marcbranches dijo...

Hola, Viena. Puede que me equivoque, pero creo recordar que eres una veterana del foro Fotogramas, ¿no? Tu nombre me evoca una película de la que escribiré dentro de poco... Conozco esa sensación de tener que acostumbrar el oído al acento argentino, a mí me pasaba lo mismo. Pégate una tarde criolla con, pngamos por caso, "El hijo de la novia", "Nueve reinas" y "Tiempo de valientes" y jamás volverás a tener ese problema. Método Marcbranches garantizado por once de cada diez bloggeros (¿se dice así?). Has definido muy bien lo que es, en esencia, la película: sonrisas y lágrimas. Pero de verdad. De nada, Viena.

Rico dijo...

Me encanta esta pelicula!! Pero me cuesta mucho trabajo entender su forma de hablar. Es demasiado rapido.

marcbranches dijo...

Vaya, welcome to our blog, Rico. También a nosotros nos cuenta entenderles a veces, aunque teóricamente hablamos su idioma... pero es parte de su encanto.

Enrique Montel dijo...

Hola, tengo 35 años, desde hace tres meses que me mudé a Lausanne, Suiza, y acabo de ver en versión original esta maravillosa película en "Canal Arte"
Me hizo llorar, reir y pensar. Cuántos balcones tiene mi vida? Cómo ellos están...
Saludos desde el 1er de los 1ros mundos, dónde el sentido de la palabra Familia, dejo de estar;
en donde la única palabra que comienza con "F" que ininterrumpidamente se repite es fRANCOS que de honestidad, tienen poco.

Ariel dijo...

Suele pasar que se espere del cine Argentino que tristemente se haga lo mismo que para las peliculas centroamericanas.. lo que se llama el "Español Neutro", sin embargo ni siquiera estados unidos usa un "Ingles Neutro", deforman la boca y usan todas las palabras pegadas.. y con esto la gente va al cine y aplaude y analiza psicologicamente cine bosta 100% comercial como puede ser Spiderman, En eso Argentina se destaca, no tiene que "adaptarse" al mundo, y centra sus historias en sus protagonistas, los mejores ejemplos se pueden ver en las peliculas de Carlos Sorin, porque ya nos hemos hartado todos de que.. en primer lugar el cine (como concepto universal) sea el cine norteamericano, si prendemos la tv veremos que el 95% de las peliculas viene de alli. Y tambien nos cansamos de las ideas gastadas de los arabes y los indios malos.. con los vaqueros rubios y de ojos claros.. buenos.. La pelicula muestra la transformaciòn del personaje central (Darin), quien de ser un ser puramente vacio y materialista vuelve a sus raices que jamas debio dejar.. la vida no es para "producir dinero".. creo que esto esta muy bien planteado y realmente felicito a Campanella y al maravilloso elenco del film.

Nicolás dijo...

Qué orgullo que me da como argentino ver estas críticas. Y qué orgullo me da tener a tan talentoso director, productor y guionista al enorme Juan José Campanella (les recomiendo también la ganadora del Oscar: El Secreto de sus Ojos), tanto como saber que Ricardo Darín es argentino.
Gracias por las críticas, es la primera vez que veo esta película fantástica. Saludos.

Shortie dijo...

Hermosa peli!! La acabo de ver <3

 
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