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Weblog dedicado al mundo del cine, tanto clásico como actual. De Billy Wilder a Uwe Boll, de Ed Wood a Stanley Kubrick, sin distinciones. Pasen, vean y, esperemos, disfruten. Si no es así, recuerden que NO han pagado entrada.
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UNIDOS 93



Como los que lean asiduamente este humilde blog (humilde a pesar de ser, posiblemente, el mejor de toda la Historia de los blogs) habrán ya comprobado, no tenemos, ni Alice le Directrice ni aquí vuestro seguro psicópata, voluntad de hacer crítica de cine actual, refiriéndome a cine actual como el que se va estrenando cada semana por esas salas de Dios (bueno, no sé si son de Dios exactamente; si es así, está claro que sus gustos cinéfilos son más que discutibles). Pero no nos cerramos a nada y, si algún estreno merece la pena y nos ha interesado lo suficiente, os iluminaremos con nuestro Faro de la Sabiduría Cinematográfica y os hablaremos de ella.

Ha sido el caso de “United 93”, el film de Paul Greengrass sobre los acontecimientos supuestamente ocurridos en dicho vuelo, durante el atentado terrorista llamado 11-S. Antes de nada, para los que van diciendo que es “un director de acción” por esos “prestigiosos” periódicos que nos amenizan cada mañana el croissant + café con leche = 1,90 euros, hay que remitirse tan sólo a su filmografía, y no obcecarse tan sólo con que es el realizador de “El mito de Bourne” (por otro lado, una estupenda película de acción). De hecho, se podría decir que su especialidad es el documento-ficción. Y, en concreto, el documento-ficción de grandes desastres terroristas. Empieza en el cine con “Bloody Sunday”, film sobre la tragedia de Derry, en la que 13 civiles desarmados murieron en una manifestación contra el gobierno británico en 1972, y que se convirtió en la espoleta que acabó de convertir el conflicto irlandés en una guerra civil. Y es el guionista (y probablemente el director encubierto) de “Omagh”, película originalmente de TV que se acabó estrenando en los cines españoles. Un brutal relato de la matanza de la ciudad irlandesa de Omagh en la que murieron 29 personas; la filmación del atentado y del drama posterior es impecable y te deja atado a la silla durante la primera mitad de la película, aunque luego, por desgracia, decae. A todas las define un sentido absolutamente realista, hasta la obsesión, un empeño por darle un barniz de documental, de hecho verídico, a todo lo que vemos en pantalla. Para eso, Greengrass nos deja al borde de la extenuación con su cámara en mano y su obcecación por los pequeños detalles. Todo esto se hace patente una vez más en “United 93”, con la dificultad añadida de tener que sortear las sensibilidades americanas, que son muchas, y medir muy mucho los límites del film. Para reforzar su realismo, Greengrass decidió, no sólo no utilizar ningúna actor mínimamente conocido, sino que se valió incluso de amigos y familiares de las víctimas, y de pilotos y azafatas de vuelo que interpretaron los papeles de sus fallecidos colegas. El cineasta británico pretende, y consigue, tocar la fibra del espectador desde la asepsia más absoluta, y mantener la tensión a través del suspense, a pesar de que todos sabemos perfectamente cómo va a acabar la historia. Eso tiene mérito. Contada en tiempo real y basada en las cajas negras y los testimonios de los trabajadores de los centros aeronáuticos, la cinta evita en todo momento los juicios de valor (si acaso, una muy sutil crítica al inmovilismo militar) y se centra en los acontecimientos, planificando al milímetro el desarrollo de los hechos entre los distintos focos de atención: la Torre de control de Boston, la Oficina Federal de Aviación (cuyo director hace de sí mismo) o, por supuesto, el propio avión, el cual sólo gana verdadero protagonismo en la última media hora, cuando actúan los terroristas. Antes de eso, vamos observando cómo el desconcierto se va apoderando de los distintos protagonistas, y lo hacemos desde su punto de vista. Nunca veremos el primer accidente, sino que presenciamos cómo reaccionan todos ante las noticias (la CNN se adelanta hasta a los militares... Claro, así luego pasa lo que pasa...que nos ponemos a buscar armas de destrucción masiva en Irak con detectores marca ACME...). Pero es con el segundo cuando nos estremecemos. Porque ese segundo ataque sí lo vimos todos en directo (con narración in live de Matías Prats), y nos produjo exactamente la misma aterradora sensación que a los protagonistas, debido a las dos inmediatas conclusiones que sacabas: a) no podía ser otra cosa que un atentado, era imposible que fueran dos accidentes; y b) ay-madre, cuántos más van a caer. Caos, desorganización y estupor se apoderan de todo cristo mientras el vuelo UA93 sigue, ajeno a todo, su andadura. Y entonces es cuando la trama se centra en el avión y se abandona la alternancia de los puntos de vista: los terroristas, que han abierto la película con sus rezos en la habitación del hotel, llevan a cabo la toma de la aeronave, y los pasajeros, poco a poco, pasan a ser los protagonistas. A través de las llamadas telefónicas que realizan a escondidas van sobrepasando el estupor inicial, rápidamente, al conocer los hechos del World Trade Center y el Pentágono. Consiguen (bueno, no todos) superar el horror para, unidos en la tragedia, realizar un último acto de heroismo. Heroísmo no tanto definido por sus acciones, quizá, como por la aceptación de la fatalidad, de la ineluctable arribada de la muerte. Algo antinatura en el ser humano, siempre con la manía esa de la esperanza. Los pasajeros del vuelo UA93 lo asumen, se enfrentan a ello, y, una vez en la certeza de que esos son sus últimos minutos, deciden que hay que acabar a lo grande. Unidos y a lo grande. Y lo hacen.
 
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