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LA SINFONIA DE LA DECADENCIA




Todavía recuerdo la profunda impresión que me causó la primera vez que vi Muerte en Venecia. Era una adolescente, para la que el cine era un entretenimiento, que podía ser mas o menos profundo, y poco más. Esta película me demostró que estaba equivocada.
Nunca me había imaginado que se pudieran decir tantas cosas sin hablar, que se pudiera ser tan crítico, y al mismo tiempo tan hermoso.
Los talentos de Luchino Visconti, Thomas Mann y Gustav Mahler se fusionan de una manera tan perfecta, que acaban formando una unidad, con un mismo mensaje: la decadencia.
- decadencia de un artista, a quien se le ha acabado la inspiración, obsesionado por su búsqueda de la perfección.
- decadencia de una ciudad como Venecia, que se muere lentamente bajo el mar, y prefiere ocultar una epidemia antes que perder su mayor fuente de ingresos: el turismo, y
- decadencia de una clase, la aristocrácia, que se va a veranear a hoteles de lujo al Lido, queriendo ignorar la realidad de la gente que le rodea (magistral secuencia la de los artistas ambulantes “¿que epidemia? ¿ o acaso lo es nuestra policia?”)

Hay quien se queda tan sólo con la historia de amor homosexual, pero es mucho mas que eso. Assenbach ve en Tadzio la belleza y la perfección que siempre ha querido conseguir para su música, pero que nunca ha conseguido, porque la belleza es libre y espontánea. Curiosamente, es el adolescente quien le va seduciendo desde el primer momento, a base de miradas, convirtiéndole en una versión masculina de Lolita.

Momentos como el comienzo de la película, en el que se ve la figura del vaporetto mientras suena el addagio de Gustav Mahler, o toda la escena final, desde el momento en que Assenbach va a la playa y se oye cantar una nana rusa, hasta el momento en que –y ya en silencio- cae muerto, después de hacer el gesto de querer reunirse con Tadzio, en la línea del horizonte, son de una belleza impresionante.
El exquisito Dirk Bogarde está sublime, y Silvana Magnano, a pesar de no decir palabra, tiene una presencia elegante y enigmática ; da la sensación que se da cuenta de lo que está pasando, pero prefiere no hacer nada, como si estuviera acostumbrada a la adoración que suele despertar su hijo. Secundarios como el recepcionista del hotel o el peluquero también están magníficos, y la belleza del joven Bjon Andersen es deslumbrante (como curiosidad, Miguel Bosé –ahijado del director- fue uno de los candidatos para el papel)
 
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