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FÁBULA DE LA ZORRA (RUBIA) Y LAS UVAS


¿Qué es la serie B? No es la versión analfabeta de aquella legendaria serie de TV en la que unos extraterrestres nos invadían pacíficamente y nos enseñaban una nueva dieta a base de ratón poco hecho (festival del humor con marcbranches) (creo que aceptaré ese trabajo en La Hora Chanante). Es una clasificación que se le dio a cierto tipo de películas de bajo presupuesto en Hollywood desde los años posteriores a la Gran Depresión, en las que se contrataba a actores desconocidos o en decadencia para cuadrar las cuentas, que completaban las sesiones dobles en los cines junto a las grandes películas de estudio (serie A). Aunque algunas películas de complemento fueron auténticas obras maestras: “La mujer pantera”, de Torneur, o... ¡”Sed de mal”! A este género también pertenecían los seriales de cine (como los de Batman o Buck Rogers), que acabaron feneciendo en los cincuenta a manos de ese monstruo cinéfago llamado televisión. En perspectiva, la serie B es una expresión peyorativa que no suele dejar en buen lugar al film al que acompaña. Pero también es una manera de hacer cine, basada en el fusilamiento desvergonzado de ciertos géneros (ciencia-ficción y cine negro son los más homenajeados, aunque en algunos casos se impone el distanciamiento cínico), el ajuste de cuentas en el presupuesto y la recuperación del actor televisivo olvidado en el fango de la fama transitoria. ¿Es “The hot spot” (basada, que no se me olvide, que cierto amigo mío me mata, en una obra del gurú de la novela negra Charles Williams) una película de este tipo? No conozco la opinión de Dennis Hopper al respecto, pero ofrece la sensación de un voluntarismo de serie B que no parece casual (incluido el vulgar título español, “Labios ardientes”, más apropiado para un suproducto erótico de Zalman King que otra cosa). En cualquier caso, es una cinta que provocó cierto interés en su momento y que hoy está semiolvidada en la carpeta “De culto”. Calentemos un poco la sala, que es diciembre y hace frío.

Calor. Es la sensación unívoca que desprende “The hot spot” por todos sus poros (incluida la excelsa banda sonora de John Lee Hooker, con alguna colaboración de Taj Mahal, que inflama aún más el opresivo ambiente) y desde un buen comienzo. Y nunca mejor dicho: lo primero que nos planta Dennis Hopper delante es un sol abrasador en el cual parece que han sido atrapados Harry Maddox (Don Johnson) y su desvencijado coche. Ese sol pertenece a un pueblucho del interior, igual que otros muchos de la América profunda, con sus casas bajas, sus gentes extravagantes y su aburrimiento vital. Respecto a esto último, sirva como ejemplo este diálogo entre Dolly (Virginia Madsen) y Harry: -“Aquí sólo se pueden hacer dos cosas. ¿Tienes televisión?”. – “No”. –“Pues ya sólo te queda una”. Me pregunto a qué se refiere... Este diálogo define a la perfección, de hecho, la película. Hopper ni se molesta en ocultar que su peliculita es un índice de esquemas tradicionales de cine negro, con diálogos maledicientes y con doble sentido (aunque casi diría que con un sólo sentido: el sexual), personajes ambiguos y de brumosa moralidad, un presupuesto ceñido y un Don Johnson recién salido del glamour de Miami como única estrella de la función (llámale estrella-llámale X). Puede decirse que lo mejor del film se encuentra tanto en la construcción de su atmósfera malsana y extraordinariamente erótica, como en la interrelación de los personajes. Hay que apuntar que la sexualidad latente que ebulle a lo largo del film es un acierto del enfermizo Hopper, que consigue que todos los personajes transmitan carnalidad, alejándose del esteticismo imperante en aquella época (incluido el referente erótico “Instinto básico”, al que en mi opinión supera en muchos sentidos). Empezando por esa Dolly Harshaw en estado de lubricación H-24 interpretada con un erotismo rubísimo (por supuesto) y apabullante por Virginia Madsen (“Te voy a follar hasta que te mueras”, le escupe a su atado marido mientras abre las piernas una vez más); manipuladora hasta la extenuación, se convierte en la reina de la fiesta (=película) a golpe de polvo. Pasando por la sensualísima inocencia de Gloria Harper, una Jennifer Connelly que se convirtió en objeto onanista de toda una (minoritaria) generación, en parte gracias a cierto desnudo rigurosamente gratuito en el lago (gracias, Dennis); su candidez (algo menor de la prevista) consigue sacar lo mejor de Harry, sus sentimientos más puros, aunque sólo a ratos... Don Johnson interpreta con inesperada solvencia a la tercera pata de la silla, un Harry Maddox (me encantan los nombres de los personajes) superviviente, cínico, canalla, granítico (pero no lo suficiente), al que le pierden un buen par de piernas con medias de encaje...

Un falso final feliz nos escolta hacia el verdadero desenlace, en el que, como no podía ser de otra manera, sale ganador por K.O. el trabajo bien hecho. Y, en su “trabajo”, Dolly es la mejor...

 
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