
Calor. Es la sensación unívoca que desprende “The hot spot” por todos sus poros (incluida la excelsa banda sonora de John Lee Hooker, con alguna colaboración de Taj Mahal, que inflama aún más el opresivo ambiente) y desde un buen comienzo. Y nunca mejor dicho: lo primero que nos planta Dennis Hopper delante es un sol abrasador en el cual parece que han sido atrapados Harry Maddox (Don Johnson) y su desvencijado coche. Ese sol pertenece a un pueblucho del interior, igual que otros muchos de la América profunda, con sus casas bajas, sus gentes extravagantes y su aburrimiento vital. Respecto a esto último, sirva como ejemplo este diálogo entre Dolly (Virginia Madsen) y Harry: -“Aquí sólo se pueden hacer dos cosas. ¿Tienes televisión?”. – “No”. –“Pues ya sólo te queda una”. Me pregunto a qué se refiere... Este diálogo define a la perfección, de hecho, la película. Hopper ni se molesta en ocultar que su peliculita es un índice de esquemas tradicionales de cine negro, con diálogos maledicientes y con doble sentido (aunque casi diría que con un sólo sentido: el sexual), personajes ambiguos y de brumosa moralidad, un presupuesto ceñido y un Don Johnson recién salido del glamour de Miami como única estrella de la función (llámale estrella-llámale X). Puede decirse que lo mejor del film se encuentra tanto en la construcción de su atmósfera malsana y extraordinariamente erótica, como en la interrelación de los personajes. Hay que apuntar que la sexualidad latente que ebulle a lo largo del film es un acierto del enfermizo Hopper, que consigue que todos los personajes transmitan carnalidad, alejándose del esteticismo imperante en aquella época (incluido el referente erótico “Instinto básico”, al que en mi opinión supera en muchos sentidos). Empezando por esa Dolly Harshaw en estado de lubricación H-24 interpretada con un erotismo rubísimo (por supuesto) y apabullante por Virginia Madsen (“Te voy a follar hasta que te mueras”, le escupe a su atado marido mientras abre las piernas una vez más); manipuladora hasta la extenuación, se convierte en la reina de la fiesta (=película) a golpe de polvo. Pasando por la sensualísima inocencia de Gloria Harper, una Jennifer Connelly que se convirtió en objeto onanista de toda una (minoritaria) generación, en parte gracias a cierto desnudo rigurosamente gratuito en el lago (gracias, Dennis); su candidez (algo menor de la prevista) consigue sacar lo mejor de Harry, sus sentimientos más puros, aunque sólo a ratos... Don Johnson interpreta con inesperada solvencia a la tercera pata de la silla, un Harry Maddox (me encantan los nombres de los personajes) superviviente, cínico, canalla, granítico (pero no lo suficiente), al que le pierden un buen par de piernas con medias de encaje...
Un falso final feliz nos escolta hacia el verdadero desenlace, en el que, como no podía ser de otra manera, sale ganador por K.O. el trabajo bien hecho. Y, en su “trabajo”, Dolly es la mejor...
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