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DESDE EL MONTE RUSHMORE, CON AMOR




North by nortwest; de nuevo los traductores hicieron de las suyas, bautizándola como Con la muerte en los talones; pero mucho más indicado el título original, que sugiere ese viajar dando vueltas innecesarias a las que se verá sometido el protagonista.
Hitchcock dirige una de sus películas más trepidantes, ayudado de profesionales como Bernard Herrmann o Saul Bass (eso no es irse con chiquitas; de lo bueno, lo mejor).
Un típico americano medio, Roger O. Thornhill - ¿O de que ? ¿de "¡Oh, es él!"?-(ya me gustaría a mi encontrarme a alguien como Cary Grant por las esquinas), de vida aburrida que ya le han costado dos divorcios, por una casualidad es confundido con otra persona: Kaplan, por lo que es secuestrado e intentan asesinarlo, pero consigue escapar. Por supuesto nadie creerá su historia (y mucho menos su madre, a quien no parece sorprender lo más mínimo cualquier fechoría de su hijo), de modo que emprenderá una frenética búsqueda de Kaplan para explicarle lo sucedido... pero el problema es que Kaplan no existe.
Con este argumento tan kafkiano Hitchcock construye una de sus cintas mas llenas de suspense, en la que le da la vuelta a los tópicos del género:¿callejón estrecho y oscuro amenazante? no; al pleno día, en el campo, con una avioneta fumigadora, y échate a temblar. ¿Asesinato en un lugar público, rodeado de medidas de seguridad? pues si, en la ONU, y además te cargarán a ti el muerto. En ningún sitio se puede estar seguro... seas quien seas (porque llegado a este punto ya no sabes quien eres).
Tampoco los malos son convencionales; la primera vez que aparece James Mason no resulta para nada amenazante, al contrario, es todo un caballero de lo más educado y refinado, que cualquiera podría tomar por un hombre de negocios; aunque eso no impide que pueda ordenar asesinatos sin pestañear.
Y por supuesto no puede faltar la rubia hitchockiana, que en este caso es Eve Marie Saint, toda una devoradora de hombres enfundada en pret a porter, con un comportamiento que hará que constantemente dudemos de ella ¿es buena? ¿es mala? ; como le pregunta Cary “¿Qué hace que una chica como tu sea una chica como tu?”
A la famosa escena de la persecución con la avioneta, hemos de añadir la del monte Rushmore, con los protagonistas trepando sobre los rostros de los presidentes, aunque también es memorable la de la subasta, pero mas tranquila en apariencia, o el uso del tren como metáfora sexual, con todas esas entradas y salidas de los túneles, cuando Cary y Eve Marie están más entusiasmados.
Claro que la cosa no habría funcionado igual sin Cary Grant; el sentido de humor con que se toma el asunto, sin perder ni por un minuto la compostura ni su poder de seducción, se refleja perfectamente en una escena: Cary huyendo entra en un piso por una ventana; se trata de un dormitorio, donde una chica se despierta al oirle y le grita para que se detenga; a la que enciende la luz y le ve, su actitud cambia y le suplica que se quede. Genio y figura.
 
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