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PIEL DE GORRIÓN





El cine, como todo lo demás, va por modas. Estas, como todas las demás, son efímeras. ¿Alguien se acuerda del “boom revitalizador del western” que hace unos 10-15 años significó “Bostez... bailando con lobos”? Nos permitió disfrutar de obras maestras del calibre de, por ejemplo, “Cuatro mujeres y un destino”. ¿Y los musicales? Después de “Moulin Rouge” y “Chicago”, cienes y cienes de proyectos de musicales salieron a la luz, se iba a filmar media producción de Broadway... ¿Alguien en su sano juicio ha visto “Los productores”? Y, en caso afirmativo, ¿ha mantenido dicho sano juicio después de verla? Ahora estamos en época de superhéroes comiqueros (NECESITÁBAMOS una película sobre “El motorista fantasma”) y biopics de músicos y cantantes populares. “Ray”, “En la cuerda floja”, “Beyond the sea”, “De-lovely” (personalmente, el proyecto que más simpático me ha resultado de todos)... Incluso en España nos ha atacado este virus, con cositas como “Camarón” o “Lola, la película” (protagonizada por una de las Papá Levante. Adoro este país). El denominador común de este tipo de proyectos es la fórmula de la historia tratada (inicios-ascenso-decadencia + pecados veniales – redención a través de la música) y el destacado trabajo de mimetismo de su protagonista principal, que suele ser extraordinariamente agradecido por las Academias del Mundo Mundial (¿akesí, Jamie?). Le gabachè cinèma no podía ser menos, y han tirado de grandieur: nada más y nada menos que Edith Piaf, el mayor mito musical de Francia. Casi nada. Eso sí, no se les ocurrió otra cosa que dejar tan solemne proyecto en manos de Olivier Dahan, el reciente perpetrador de semejante bosta vacuna titulada “Ríos de color púrpura 2: los ángeles del apocalipsis”. Para salir corriendo. Sin embargo...

Sin embargo, el tal Dahan ha conseguido realizar un más que decente trabajo con el incendiario material que tenía entre manos. “La vida en rosa” es la melodramática historia de una mujer definida y consagrada por su don. 140 minutos que pasan en un suspiro, con una excelente parte inicial, la cruda infancia de Edith Giovanna Gassion, pordiosera y criada en una “casa de mujeres que fuman”, en la que Dahan trata con agilidad y energía los primeros latigazos que la vida le asestó a Edith, combinados con una cierta felicidad al lado de Titine (sorprendente Emmanuelle Seigner), la puta-buen-corazón de turno. Abandonada y vuelta a recoger por su borracho y titiritero padre, el capítulo de la infancia de Edith finaliza con una asombrosa interpretación de “La marsellesa” a cargo de la niña Pauline Burlet en plena calle. Vuelan las monedas: Piaf Begins. A partir de aquí Dahan, a través de una estructura disgregada marca Iñárritu-Arriaga S.A. (se supone que al pairo de la volátil memoria de la Piaf en sus últimos momentos) no siempre bien manejada, va intercalando diversos highlights de la vida de Edith Piaf. Sus inicios con el gerente de cabaret Louis Leplée (un tal Depardieu), el asesinato del mismo, que revela sus oscuros tejemanejes y pone a Edith al pie de los caballos mediáticos, su aprendizaje con Raymond Asso (Marc Barbé), su primer éxito en el music-hall... Curiosamente, Dahan se salta la 2º Guerra Mundial, época en la que la Piaf se consagró definitivamente al convertirse en una especie de símbolo, “La vie en rose” incluida. Prefiere trasladarla a su aventura americana, y a la relación amorosa que más dramáticamente la marcó, la que mantuvo con el boxeador Marcel Cerdan; la onírica escena en la que descubre que Marcel ha fallecido al estrellarse el avión que los iba a reunir de nuevo en Nueva York es extraordinaria; aún así, a esas alturas a la película le falta fuelle, sin duda lastrada por los excesivos y en buena parte gratuitos saltos en el tiempo: la idea es buena, pero Dahan abusa de ella. Además, no se le ocurre otra cosa que esconder un aspecto importante de la vida personal de la Piaf hasta las postrimerías del film, sin explicación aparente. Sin embargo, al final vuelve a levantar el vuelo en un desenlace apoteósico, con una Edith Piaf que apenas puede contenerse en pie, lastrada por la enfermedad y los múltiples excesos, cantando en el Olympia de París la canción que resume a la perfección su vida y personalidad, “Non je ne regrette rien”. Me costó deshacer el nudo de mi garganta.

He dejado para el final a Marion Cotillard. Muy pocas veces he visto un recital interpretativo, a tantos niveles, de este calibre. Independientemente del esfuerzo de mimetismo con la mítica cantante, su escala de matices es interminable, la energía que desprende en cada plano, cada palabra, cada gesto, es prodigiosa; Marion es capaz de jugar con los registros, según la edad o la condición física de su personaje, hasta hacernos creer que la actriz que representa a la Edith veinteañera no es la misma que se arrastra a los cuarentaypico como si fuera una anciana ochentona. Absolutamente espectacular. Aunque hay que reconocer el gran trabajo de los maquilladores de la película: compárese, si ir más lejos, con la visualización del paso del tiempo en esos Matt Damon (basado en... los cambios de gafas) y Angelina Jolie (basado en... en...) de “El buen pastor”... En definitiva, Marion Cotillard, junto a la inquebrantable voz de la Piaf, conforma la pared maestra que sostiene este irregular pero estimulante film. Non, je ne regrette rien.

P.D.: ¿para cuándo un spanish biopic sobre una AUTÉNTICA estrella de aquí, tipo Pablo Abraira, Luixy Toledo, el Príncipe Gitano o Luis Aguilé?

9 comentarios:

Laura Hunt dijo...

Pues me has convencido, Marc, este fin de semana me acercaré a ver La Vida en Rosa, que me ha gustado tu crítica (para que veas que te hago caso).

Por cierto, muy buenos los vídeos de los enlaces... sobre todo el del Príncipe Gitano: antológico!

Raquel dijo...

Un biopic de Luis Aguilé??? mi imaginación no da para tanto.

Esta quiero verla, mi profe de francés de la ESO me ponía estas canciones cada dos por tres...

marcbranches dijo...

Así me gusta, niños, que me hagáis caso. Eso sí, luego no quiero ni una queja... Pocas veces se han asomado lagrimones de risa como con ese inolvidable tema del Príncipe gitano. Lo tengo grabado desde hace muchos años, y cada vez que la escucho me deshuevo. Es sencillamente BRUTAL, y quería compartirlo con mis jóvenes padawanes. En cuanto a la biografía de Luis Aguilé, Raquel... cómo que no te la imaginas... se llamaría "Es una lata el trabajar", himno imprescindible de todo vago que se precie, como es mi caso.

Persio dijo...

llegarán, ya llegarán...
la piaf aún en deuda...

Cineahora dijo...

Tanto biopics que están haciendo en los EE.UU. y el mejor va y sale de Francia.
Impresionante la interpretación, y caracterización, de Marion Cotillard, e igualmente impresionantes algunas de las escenas.
Muy recomendable, sí.

marcbranches dijo...

¿La piaf aún en deuda, persio? ¿Quieres decir que le debe dinero a alguien?

Cineahora, tienes razón en que "La vida en rosa" mejora casi cualquier cosa del género que haya salido de Yuesei, sin salirse, eso sí, demasiado de los esquemas tradicionales. Marion Cotillard nominación ya... ¿nominación para qué premios? Para TODOS.

Cineahora dijo...

Cuente con mi voto para la Cotillard!

Laura Hunt dijo...

Pues ya está, la he visto, y no tengo ninguna queja que darte, marcbranches.

La verdad, no es por darte la razón, pero vengo a coincidir con lo que has escrito en tu crítica. La película me ha parecido algo irregular. Lo que menos me ha gustado es la estructura narrativa, todo eso de tanto cambiar de época sin ton ni son, en ocasiones hace que la película resulte algo confusa. Además, muchos personajes quedan bastante desdibujados y no entiendo el objetivo de que te escondan ese "detalle" tan importante sobre la vida de la Piaf y que solo lo cuenten de pasada al final de la película...

Pero a pesar de eso, la película tiene algunos momentos tan buenos, que hace que olvides sus defectos. Mi favorito, la manera de contar que el amante de Edit Piaf ha muerto: una de esas escenas que te ponen la carne de gallina.

Y que voy a decir de Marion Cotillard, si ya os habéis encargado tú y Cineahora de decirlo todo! esta mujer no interpreta a Edit Piaf... es que se transforma absolutamente en ella: espectacular!

marcbranches dijo...

Para mí, ese momento que comentas es una lección de buen cine, imaginativo y sensible. Añadiría esa primera actuación después de las enseñanzas de Raymond Asso respecto al movimiento de sus manos: Dahan decide privarnos de la interpretación vocal y se centra en la nueva gestualidad de la Piaf, mientras suena la BSO propia de la película: todo un acierto. Aunque el cenit emocional del film, para mí, es esa Piaf al borde de sus fuerzas físicas, entonando con su desbordante energía intacta, ese "Non, je ne regrette de rien" que a mí, particularmente, me pone los pelos de punta.

 
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