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Weblog dedicado al mundo del cine, tanto clásico como actual. De Billy Wilder a Uwe Boll, de Ed Wood a Stanley Kubrick, sin distinciones. Pasen, vean y, esperemos, disfruten. Si no es así, recuerden que NO han pagado entrada.
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ELLROY. JOHANSSON. DE PALMA





Hace tiempo que no posteamos trailer, así que vamos con "The Black Dahlia", el último proyecto del sr. De Palma. Algo errático desde el taquillazo de "Mission: Impossible", parece su gran oportunidad de de engancharse de nuevo a los primeros planos de la actualidad cinematográfica. Basada en un libro de James Ellroy (el cual está basado, en parte, en una historia real) (cual telefilme dominguero-tresymedia-delatarde de Antena 3). Ahora toca fusilar el cine negro de toda la vida. Flashbacks en blanco y negro, película comentada por el detective protagonista, putones verbeneros rubio platino...

Y Scarlett.
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QUENTIN TARANTINO




Este charlatán, hiperactivo y malhablado (¿hace falta que diga que me encanta y que es uno de los pocos directores con los que me iría de copas?) ha conseguido influir como pocos ya desde su primera película.
Creo que el personaje mas parecido a él mismo es el que interpretó Christian Slater en Amor a quemarropa, Clarence, tan sólo hay que cambiar la tienda de comics por el videoclub donde trabajó de joven.
Su fascinación por todo tipo de cine, desde el de serie A hasta el de la serie Z, hace que sus películas tengan influencias de todo tipo: cine negro, de artes marciales, western, blackxploiting, nouvelle vague... pero se ha de tener mucho talento para saber encontrar las joyas escondidas en cada una de ellas, y adaptarlas, dándoles un toque personal, y desde luego, Quentin lo tiene.
Es especialista en diálogos brillantes sobre temas aparentemente sin importancia, desde la letra de Like a virgin, a las propinas, las hamburguesas o Superman. También le gusta jugar con las historias, contándolas sin orden, o mostrando la misma escena desde distintos puntos de vista y además destaca por sus excelentes bandas sonoras.
Ha “resucitado” a actores como John Travolta, David Carradine o Robert Foster, y ha hecho que figuras que ya existían como los “men in black” pasen a estar relacionadas para siempre con sus películas.

Se ha hablado mucho de la violencia de sus películas, pero la verdad es que consigue que sus escenas mas violentas sean tremendamente realistas, divertidas. hermosas o irreales, según el caso.

Creo que esta anécdota muestra muy bien su forma de ser: Un cliente entró en el Video Archives, donde trabajaba Quentin. Vino a devolver una cinta con tres meses de retraso. Tarantino le dijo que iba a costarle mucho por el retraso. El hombre respondió: "Oh, eso es mucho dinero, así que me quedaré con la cinta", y se dispuso a salir de la tienda. Quentin fue detrás suyo, se le lanzó directo al pecho y lo empujó fuera. Siguió empujándole y empujándole. Igualito, igualito, que Katleen Turner en Los asesinatos de mamá por no rebobinar las cintas.

Si nos fijamos en las películas de Quentin, los personajes se repiten y se les pondría encontrar una relación : el Vic Vega de Reservoir Dogs es hermano de Vincent de Pulp Fiction; el misterioso contenido del maletín de Marcellus sería el botín del atraco de Reservoir dogs, con el que consiguió escapar Mr. Pink, la Alabama de Amor a quemarropa es por quien preguntan a Mr. White en Reservoir dogs, los hermanos de Abierto hasta el amanecer aparecen en el noticiario de Tu asesina que nosotros limpiamos la sangre, el sheriff de Abierto hasta el amanecer es el mismo que el que va a la iglesia después de la matanza de Kill Bill, y el que toca en la iglesia donde va a casarse La Novia sería Jules, después de haber “encontrado el camino”. Resumiendo, todo encajaría “como en puzzle sideral”

Para acabar, este no sería un comentario sobre Quentin si no hubiera “fuck, motherfucker ,sucker” (que a gusto me he quedado!)
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PETER WEIR: UNA ATMÓSFERA PROPIA



¿Es Peter Weir un grande del cine de hoy en día?

¿Votaciones entre los que estén escribiendo algún artículo en La linterna mágica en este momento? (por desgracia, ahora mismo Alicia se encuentra indispuesta debido a la ingestión de una Mirinda Limón en mal estado. Si Grissom encuentra unos polvos en el vaso, yo no tengo nada que ver). Vaya, parece que hay unanimidad… Qué bonita es la democracia. Pues sí, Peter Weir es un grande. Quizás le falten unos grados de genialidad, o una película definitiva que le eleve al Olimpo del Reconocimiento Generalizado (de algunos de los cuales hemos hablado más abajo) ; pero su, por otra parte, poco prolija carrera está siendo una de las más interesantes del cine anglosajón contemporáneo. Después de algunas películas que no salen de su país de origen, Australia, Peter Weir comienza a ser conocido internacionalmente con “Gallipoli”, alegato antibelicista en el que, además, salta a la fama Mel “ponme-otra-copa” Gibson. Quien también protagoniza, junto a Sigourney Weaver, “El año que vivimos peligrosamente”, en la que Weir ya pone de manifiesto su peculiar manera de crear una atmósfera propia, algo que se verá reforzado en films posteriores. Es a partir de aquí cuando, para mi gusto, su filmografía comienza a ser más que interesante…

No sabría decir por qué me gustaba tanto “Único testigo”. Y, ojo, me refiero al libro de William Kelley. Yo era un adolescente granuliento que aún no sabía que lo que de verdad le gustaba era el cine y la literatura; así que, cuando me puse a leer el libro por primera vez, ni había visto la peli ni sabía quién era Peter Weir. Me enganchó desde el primer momento, en particular por los contrastes entre el rudo y malhablado John Book (Harrison Ford en el film) y el educado, retrógrado, vetusto y sencillo universo de Rachel Lapp (que tendrá el rostro de Kelly McGillis). Lo leí dos o tres veces antes de ver la película, extraordinaria. Casi documental en el retrato de la cotidianeidad amish, retrata con precisión el choque cultural y el desconcierto de unos por el modo de vida de los otros. Anotar que el niño (el testigo al que se refiere el título de la película) es Lukas Haas, del que se pueden destacar dos cosas: a) de mayor sólo se le recuerda por ser uno de los protagonistas de la descacharrante “Mars attacks!”, y b) si algún día se decide llevar las aventuras del ratón de dibujos animados Fievel, él será el principal candidato a interpretar ese papel.

Después de “Único testigo”, a Weir le da un ataque de profundidad experimental, y sobre la base de un guión del indiscutido Paul Schrader, dirige “El señor de los mosquitos”. Aquí lleva la guerra de mundos (con permiso de Spielberg) al límite, con el personaje de Harrison Ford arrastrando a su familia casi a la autodestrucción tratando de cambiar el mundo en una apartada selva americana, y empeñado en huir de una vida vacía de sentido en la civilización occidental. Podemos calificarla de fallida, puesto que no le acaba de encontrar el pulso de la credibilidad a la aventura. Llega entonces el gran bombazo, el culpable de que a montones de adolescentes les diera por subirse a los pupitres para gritar “¡Oh, capitán, mi capitán!”, y de que la expresión “carpe diem” se generalizase en nuestras conversaciones. Efectivamente, “El club de los poetas muertos”. Ethan Hawke, el dr. Wils… digo, Robert Sean Leonard, y Robin Williams inaugurando el modelo profe-chupiguay-que-enseña-la-vida-misma (con, digamos, menor suerte, siguieron su estela gente como Kevin Kline, Michelle Pfeiffer, Julia Roberts y, el mejor de los últimos años, el Jack Black de “School of Rock”). Igualmente alimenticia, pero mucho más fútil, es la, por otra parte agradable, comedia “Matrimonio de conveniencia”, que llevó a la fama americana (o sea, internacional) a Gérard Depardieu. Seguimos con otra que creó gran división entre la crítica: “Sin miedo a la vida”, en la que ese ser superior de la interpretación llamado Jeff Bridges nos muestra a un colgado (o un visionario) que, después de sobrevivir a un accidente de avión, se cree poco menos que un Enviado; película casi sin guión, más preocupada de transmitir sensaciones que de contar una historia. A mí me gustó mucho el aire onírico, irreal, que se respira durante la película, muy acorde con la experiencia del personaje. Y el final de la peli es una de las grandes acojoescenas de la historia del cine contemporáneo: la vida de Bridges dependiendo de una fresa mientras suena, de fondo, el conmovedor crescendo de la Sinfonía nº 3 de Henryk Gorecki. Los pelos como escarpias, oyes…

La gran obra maestra de Weir, para aquí su seguro servidor, es “El show de Truman”. No voy a extenderme, puesto que más adelante publicaré, si mi jefa no me ha despedido todavía, un post exclusivo sobre este sublime film. Desde las interpretaciones, con un Jim Carrey que por primera vez prueba las delicias de lo que significa componer un personaje hasta un Ed Harris absolutamente excepcional en la piel del realizador televisivo con ínfulas de semidios; la banda sonora, que eleva, más si cabe, las mejores escenas del film; el guión de Andrew Niccol , una oda al derecho de ser uno mismo, a la identidad; la realización, obviamente, de Weir, “inventando” un programa de TV y adaptándolo a su peculiar sentido de la atmósfera cinematográfica.

El último film de Weir, hasta el momento, es “Master & Commander”. No me gustan las películas de piratas; siempre me ha parecido un subgénero que, en general, ofrece poco juego; y el mundo marino nunca me ha atraído demasiado. Así que, a pesar de mi interés por Peter Weir, me acerqué a esta película con recelo. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa: no volveré a perder la fe, Peter. Inmensa película de aventuras, en la que los barcos sufren achaques debido a su antigüedad y los capitanes de los navíos van hechos unos zorros, puesto que es imposible que vayan de otra manera después de chorrocientos días en la mar. Film con voluntad de análisis casi costumbrista de la vida a bordo, se esmera en explicarnos las relaciones entre los tripulantes, con particular atención a la figura del personaje de Paul Bettany (espléndido) , contrapunto naturalista al héroe clásico interpretado por Russell Crowe. Todo esto no significa, ni mucho menos, que las escenas de acción y batalla no tengan cabida, sino todo lo contrario; en ellas, Weir se centra más en los efectos sonoros que en la música para que nos ahoguemos en la sala de cine… En definitiva, una obra casi redonda.

Quizás Weir no sea un genio, pero no andamos sobrados de talento por Hollywood para despreciarlo. Hasta ahora se ha demostrado como un cineasta solvente en los muchos géneros que ya ha tocado, y con más personalidad de la que pueda parecer en un primer vistazo; creador de una atmósfera propia. No todos pueden decirlo.

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¿CON QUE SUEÑA DECKARD?




Si Stanley Kubrick nos proponía en 2001 un futuro límpio y aséptico, Ridley Scott en Blade runner nos lo muestra sucio, con constante lluvia ácida, lleno de enormes pantallas publicitarias, poblado especialmente por los asiáticos (ojo al dato), y en el que no nos hemos podido deshacer ni de los hare krisna (no todo iba a ser perfecto).
Basada en la novela de Philip K Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la película de Ridley Scott se convirtió enseguida en película de culto, y su estética se ha copiado hasta la saciedad, pero sin superar al original.,siendo de las pioneras en el cyberpunk.
Lo primero que destaca de ella es su atmósfera: agobiante, oscura, donde parece que nunca salga el sol, con ciudades desbordadas de gente de todo tipo.
El héroe, Deckard, sigue las pautas del típico protagonista de la serie negra : voz en off, seducido por una femme fatale, desengañado y desencantado de todo... un Philip Marlowe del futuro, aunque sin su socarronería.
Otro de los grandes aciertos de la película es su contenido ¿donde está la diferencia entre hombres y replicantes? Al fin y al cabo, Deckard parece una máquina de matar sin sentimientos, y los replicantes lo único que desean es no morir ¿acaso no lo queremos todos?
Intencionadamente o no, la lectura de J.F. Sebastian como Padre, Roy como Hijo y la paloma que suelta a la que muere como Espíritu Santo, no dejan de tener su gracia. Los replicantes son criaturas abandonadas por su Creador, buscando un sentido a su existencia y temorosos de la muerte ¿os resulta familiar?
Si Harrison Ford hace una de sus mejores interpretaciones como blade runner cansado, el que le roba el protagonismo es Rutger Hauer con su fascinante Roy Batty (él y Gigolo Joe son los únicos robots capaces de hacer cambiar mi orientación sexual).
La frase final de Roy ya se ha convertido en un clásico, por derecho propio:
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Finalmente, como curiosidad, ya desde su estreno empezó a forjarse la leyenda urbana de si Deckard era en realidad un replicante. La idea es buena, aunque yo diría que en caso de serlo sería una versión anterior al Nexus 6 (o no es de nivel A).

Pero para los que les guste buscar explicaciones a todo, aqui hay un enlace de lo más curioso.
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LA SINFONIA DE LA DECADENCIA




Todavía recuerdo la profunda impresión que me causó la primera vez que vi Muerte en Venecia. Era una adolescente, para la que el cine era un entretenimiento, que podía ser mas o menos profundo, y poco más. Esta película me demostró que estaba equivocada.
Nunca me había imaginado que se pudieran decir tantas cosas sin hablar, que se pudiera ser tan crítico, y al mismo tiempo tan hermoso.
Los talentos de Luchino Visconti, Thomas Mann y Gustav Mahler se fusionan de una manera tan perfecta, que acaban formando una unidad, con un mismo mensaje: la decadencia.
- decadencia de un artista, a quien se le ha acabado la inspiración, obsesionado por su búsqueda de la perfección.
- decadencia de una ciudad como Venecia, que se muere lentamente bajo el mar, y prefiere ocultar una epidemia antes que perder su mayor fuente de ingresos: el turismo, y
- decadencia de una clase, la aristocrácia, que se va a veranear a hoteles de lujo al Lido, queriendo ignorar la realidad de la gente que le rodea (magistral secuencia la de los artistas ambulantes “¿que epidemia? ¿ o acaso lo es nuestra policia?”)

Hay quien se queda tan sólo con la historia de amor homosexual, pero es mucho mas que eso. Assenbach ve en Tadzio la belleza y la perfección que siempre ha querido conseguir para su música, pero que nunca ha conseguido, porque la belleza es libre y espontánea. Curiosamente, es el adolescente quien le va seduciendo desde el primer momento, a base de miradas, convirtiéndole en una versión masculina de Lolita.

Momentos como el comienzo de la película, en el que se ve la figura del vaporetto mientras suena el addagio de Gustav Mahler, o toda la escena final, desde el momento en que Assenbach va a la playa y se oye cantar una nana rusa, hasta el momento en que –y ya en silencio- cae muerto, después de hacer el gesto de querer reunirse con Tadzio, en la línea del horizonte, son de una belleza impresionante.
El exquisito Dirk Bogarde está sublime, y Silvana Magnano, a pesar de no decir palabra, tiene una presencia elegante y enigmática ; da la sensación que se da cuenta de lo que está pasando, pero prefiere no hacer nada, como si estuviera acostumbrada a la adoración que suele despertar su hijo. Secundarios como el recepcionista del hotel o el peluquero también están magníficos, y la belleza del joven Bjon Andersen es deslumbrante (como curiosidad, Miguel Bosé –ahijado del director- fue uno de los candidatos para el papel)
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ANTES DE LOS ANILLOS




“La idea principal aquel día era desnucar a mi madre.”

Este es uno de los pasajes sacados del diario de Pauline Ivonne Parker que salpican la extraordinaria película “Criaturas celestiales”, de Peter Jackson. Basada en una historia real, la de la relación entre dos chicas adolescentes que, en los años 50, acabaron con la vida de la madre de una de ellas. Si, en aquella época, uno sumaba el nombre de Peter Jackson más la frase que da comienzo al artículo, uno se podía esperar un degenerado slapstick de sangre y vísceras. Si el que hacía esa suma era español, y, por tanto, conocía el título que el simpar traductor que en aquel momento había de turno le había puesto a la película “Braindead” (“Tu madre se ha comido a mi perro”), llegaría a la infalible conclusión de que estábamos ante su segunda parte (¿”Episodio II: La venganza del perro”, por ejemplo?). De la trayectoria del señor Jackson hasta ese momento no se podía esperar otra cosa. “Mal gusto” (no pienso poner el fotograma más famoso de la película, en el que el propio Jackson, que también formaba parte del reparto, se come un cerebro humano a cucharadas cual Arroz con leche Danone) (Hanníbal Lecter nenaza); “Meet the Febles”, una especie de Teleñecos gore (mucho más divertidos que los originales. Y no se andaban con eufemismos. Que lo de Epi y Blas ya huele, hombre de Dios… Gallardón, cásalos ya) ; y la susodicha “Braindead”, un delirio de vísceras y extremidades cercenadas que, en la humilde opinión de un servidor, acabó definitivamente con el género “gore”. No se podía hacer nada más. Esta fue la primera película que vi de Peter Jackson (como anécdota, decir que una de las protagonistas era la española Diana Peñalver), y, qué queréis que os diga… Sonará pedante (y lo es) y resabiado (y tanto), pero allí yo observé ALGO… detrás de un argumento enfermizo y disparatado había una manera de dirigir visceral, acelerada, electrizante, que prometía.

Y vaya si prometía. Resultó que “Criaturas celestiales”, su siguiente película, no tenía nada que ver con las anteriores, excepto el vigor y el talento animal de su director. Basada en documentos de la época y en el propio diario de Pauline, Jackson nos sorprendió con la que es, sin duda, una de las películas de culto de los 90. La historia de la relación enfermiza, operísticamente romántica, desmedida y trágica de dos jovenzuelas infelices que llevan la enfermedad natural de su edad (esa enfermedad llamada adolescencia) hasta límites insospechados. El director neozelandés nos demuestra estar mucho más allá de la potencia visual mostrada en sus gamberradas anteriores, y trata su guión con una sensibilidad y un gusto por el retrato de personajes y situaciones fuera de lo común. Jackson se pone en la piel de las chicas, y desde allí va dándole bellísimos brochazos al mundo alternativo que, poco a poco, se construyen Pauline (Melanie Lynskey) y Juliet (Kate Winslet). Hay que señalar con celeridad que las dos intérpretes, en esta su primera película, están inmensas. La Lynskey, perfecta en su papel de típica niña-rara-del-fondo-de-la-clase, introvertida, asocial, con el pelo siempre delante de la cara para que no la vean. Y qué decir de Kate Winslet, la sofisticada, adorable, extrovertida y un punto repelente Juliet Hulme: sólo puedo decir que me enamoré de ella mientras cantaba (sí, era ella la que cantaba, no como en el “Volver” de Pe…) el “Sono andati” de “La Bohème”. Sin justificarlas, Jackson las comprende, las admira, diría, incluso; por su capacidad de abstraerse del incomprensible e intolerante mundo en el que les toca vivir, que las lleva a inventar universos alternativos, llenos de historias palaciegas de lealtad y muerte (mundos en los que Jackson se recrea, animando gigantescas figuras de barro en inmensos castillos de arena, o creando oníricos paraísos de colosales aves y unicornios) (jardincito monísimo-oyes). La homosexualidad, por otra parte, está tratada en este film con naturalidad, sin acercarse al morbo fácil; aunque hay que señalar que Juliet Hulme ha afirmado no hace mucho que no eran lesbianas. El cineasta definió su película como “una historia de asesinato sobre el amor, una historia de asesinato sin villanos”; rotundamente cierto, puesto que no hay villanos en esta historia. No lo son los padres de Juliet, que la quieren pero no son capaces de transmitir su afecto, quizás influidos por su disfuncional relación; ni tampoco los de Pauline, que también aman a su hija, pero son incapaces, víctimas de la convenciones sociales de la época, de asimilar la naturaleza de la relación entre las jóvenes. El film muestra con asombroso equilibrio y ritmo la progresiva degeneración de las mentes de las adolescentes, el pozo enfermizo de desmesura romántica en la que poco a poco van cayendo hasta perder el sentido del bien y del mal en la decisión definitiva. Y lo hace despojándose de toda moralina, sin juicios de valor, dejando estos al albedrío del espectador.

Dicho todo esto, aprovecho la oportunidad que me da mi socia, y sin embargo amiga, Alicia, para proclamar desgarradamente… ¡EDITEN DE UNA XZXKWKQWSXVDA VEZ EL DVD DE ESTA PELICULA-LECHEYA!

Buf, qué alivio por Dios, lo necesitaba…
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SHAKESPEARE BAJO EL SOL DE LA TOSCANA




Esta película es uno de los mejores antidepresivos que pueda haber y, sin efectos secundarios, ya que puede verse las veces que se quiera gustando tanto como la primera vez. (Consulte a su farmacéutico)
Rodada en una luminosa Toscana, esta versión de la comedia de Shakespeare tiene una alegría y energía contagiosa, con escenas llenas de energía, como la llegada de los caballeros mientras las damas se preparan para recibirlos.
Todos los actores están perfectos en su papel, ya sean habituales de las películas de Branagh como Brian Blessed, estrellas americanas como Denzel Washington o jovenes promesas como Robert Sean Leonard (algo, por cierto, bastante habitual en las películas de Branagh, mezclar actores de todo tipo de procedencia).
El argumento en realidad es muy simple,(como ya indica el propio título Mucho ruido y pocas nueces) equívocos que finalmente se aclararán, causados por un celoso Keanu Reeves (aunque pueda costar un poco imaginarlo como hermano de Denzel, pero se ha de reconocer que éste está majestuoso, y tal vez Keanu no supiera todavía que era El Elegido); lo que hace irresistible a esta comedia son los contínuos duelos verbales entre Benedict y Beatrice, prueba de que la guerra de sexos ya existía en los tiempos del teatro isabelino; hay tanta química entre ellos (ay, eran momentos felices del matrimonio KenEm!) que uno llega a olvidarse de la pareja formada por Claudio y Hero, aunque por supuesto solo acabarán enamorados “lo necesario”.
Esa “alegria de vivir” que impregna toda la película, desde el comienzo, con un grupo de gente tumbados al sol escuchando poesía (“No lloreis, bellas damas, no lloreis”), disfrutando del momento; hasta el final, con todo el mundo bailando, parece tan auténtica que da la impresión que todo el equipo se lo pasó en grande durante el rodaje.
A destacar un inclasificable Michael Keaton, tan impagable diciendo “me ha llamado burro” como montando un caballo imaginario.
Algunos quisieron comparar el baile de máscaras de la película con el de Mr. Arkadín; es cierto que hay alguna semejanza, y ya se ha comparado a Branagh otras veces con Orson Welles; aunque son muy distintos, pero ambos compartían su amor por Shakespeare
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¡QUÉ GRANDE ERES BILLY WILDER!




Este vienés de mirada burlona e inseparable sombrero en pose chulesca, es sin duda uno de los grandes del cine , y uno de mis “dioses” particulares, como diría Trueba.
Hábil conversador, entre sus muchos trabajos hizo de taxi-boy ( compañero de baile de pago) y periodista (antológica su entrevista con Sigmund Freud: “Así que se llama Wilder?” “Si, herr professor” “Y trabaja en el periódico X?” “Si, herr professor” “Ahí está la puerta”).
En Hollywood empezó a dedicarse a guionista, trabajando con grandes de la comedia como Ernst Lubistch, Howard Hawks o Mitchell Leisen, y con él consiguieron algunos de sus mejores trabajos (Ninotkcha, Bola de fuego, Medianoche...)
Su fuerte era la comedia: diálogos ingeniosos, inteligentes, llenos de mala idea. No tardó en pasar a la dirección, aunque seguiría siendo guionista de la mayoría de sus películas
Su lista de méritos sería interminable, ya que ha hecho, entre otras muchas cosas:
- la mejor versión de una novela de Agatha Cristhie , Testigo de cargo
- la historia mas negra del cine negro,Perdición
- la mejor versión de Sherlock Holmes, La vida privada de Sherlock Holmes
- crear un icono de la historia del cine, como el de Marilyn con las faldas volando
- la visión mas dura del mundo del cine, El crepúsculo de los dioses.
- una de las frases mas recordadas de la historia del cine “Nadie es perfecto”

Por si todo esto fuera poco, tiene en su haber una de las comedias mas perfectas de la historia, Con faldas y a lo loco, o películas como El apartamento, Uno, dos, tres

Sus diálogos incisivos, su gusto por el disfraz, o el simple hecho de hacerse pasar por otra persona, una cierta debilidad por ligeras perversiones sexuales (ya se trate de menores, prostitutas haciéndose pasar por esposas o viceversa o falsos impotentes)...,eran la marca de la casa, no dejaba títere sin cabeza.

Que grande eres, Billy Wilder!

Aquí podeis ver una serie de anécdotas explicadas por la lengua afilada del vienés
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¡MADAGASCAR! ¡CONSTANTINOPLA!




Este pasado viernes se estrenó en los Yuesei la nueva película de Woody Allen, “Scoop”, del que podéis ver el tráiler en su página oficial, aquí. En este film, Woody Allen recupera su vena más cómica y su protagonismo en pantalla para narrar la historia de Jane Spence (Scarlett Johansson), una estudiante de periodismo americana de visita en Londres que se ve envuelta en una aventura paranormal. Durante un espectáculo de magia en el que es escogida como voluntaria por el mago interpretado por Allen, Jane presencia la aparición de un fantasma que le ofrece la exclusiva de su vida: el temido asesino del tarot, cuyos crímenes traen de cabeza a Scotland Yard, no es otro que el joven de origen noble Peter Limon (Hugh Jackman). Dispuesta a no dejar escapar la primicia, Jane urde un elaborado plan para seducir a Limon y descubrir sus secretos.
A servidor aquí presente, que siempre ha albergado especial debilidad por los diálogos cinematográficos ingeniosos, elaborados y bien construidos, cada film de Allen es como una noche con Scarlett Johansson (hablando de la reina de Roma) y Angelina Jolie (noche de charla en una biblioteca, por supuesto…), pongamos por caso. Siempre me ha subyugado su manera de combinar humor con intelectualidad, su manera de desmitificar el elevado mundillo del cultureta de mediana edad, su sano empeño en reírse de sí mismo y de sus circunstancias, y su interés por temas universales como la religión, la muerte, la pareja, el sexo (pareja y sexo no siempre son lo mismo…). Un tipo que es capaz de combinar sin problemas su pasión por el cine de Fellini con su adhesión inquebrantable a los New York Knicks de la NBA, huyendo del standard gafapasta intelectualoide. Todo el mundo sabe que, igualmente, es un apasionado del jazz. Pero quizás sea menos conocida su afición por la magia. Así que, abracadabra, vamos a por ello-oye.

Se puede decir con seguridad que una de las mayores aficiones de Woody Allen, aún hoy en día, es la prestidigitación, que practicó de muchacho y que aún hoy sigue dominando. Si dispone de tiempo libre en plató o en sala de montaje, saca una moneda y la hace evolucionar de un dedo a otro, le da la vuelta por debajo de la palma y la deposita de nuevo sobre el índice, donde la recoge el segundo nudillo del dedo medio, y así sucesivamente. Hace juegos de manos con los billetes de banco, los dobla, los redobla, los esconde… En resumen, utiliza los pequeños juegos de magia para estar permanentemente haciendo algo, y mantener ejercitados los dedos. Tiene montones de libros de magia en su biblioteca, muchos de ellos comprados en la adolescencia. Pasaba más tiempo practicando trucos que estudiando, y así desarrollaba la disciplina de practicar y practicar constantemente que aún mantiene. La magia como evasión, pero no sólo eso. Empezó a aficionarse con 13 años, viendo los programas de Milton Berle por la tele, y a dar la barrila a los amigos con sus primeros juegos. A los 15 años se presentó a un par de programas de magia de la tele, intentando que le cogieran para hacer alguna actuación como mago aficionado. Fracasó, quizás debido a los nervios, aunque él lo niega vehementemente. Pero siguió ejercitando sus dotes de prestidigitador, convirtiéndose en un personaje de lo más popular en su escuela (cosa que yo nunca conseguí: no era capaz ni de darle más de dos vueltas al yoyó. Así es imposible convertirse en el rey del recreo). Llegó a plantearse seriamente convertirse en tahúr, y sacó considerables sumas de dinero en partidas de cartas o de dados amañadas junto con amigos (el Virgil Stackwell de “Toma el dinero y corre” es una buena parodia de esos días “delictivos”). Luego aparecieron el jazz, la literatura y, en particular, su sentido del humor, y arrinconaron a la magia en su escala de valores. Pero nunca del todo, y la prueba está en su filmografía. Incluso sin considerar la teta gigante de “Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo…” como elemento fantástico (eso convertiría a Pamela Anderson en… dos elementos fantásticos…), hay varias referencias al universo de la magia en el cine de mr. Allen. Desde la resolución final de “Sombras y niebla” en un circo, a través de espejos mágicos, al hipnotizador de “La maldición del escorpión de Jade”, que somete a la gente a su voluntad tan sólo diciéndoles las palabras “Madagascar” y “Constantinopla” (lo he intentado con mi casero para rebajarme el alquiler y no ha funcionado) (cagüentó); pasando por esa “Alice” que se vuelve invisible por mor de unas hierbas mágicas; el final de “Comedia sexual de una noche de verano”, con esa bola que visualiza los espíritus del bosque; o el episodio “Edipo reprimido” del ménage à troi “Historias de New York" , en el que la madre de Allen desaparece en la caja de un mago, en un espectáculo, para posteriormente aparecérsele… en el cielo, para continuar con su profesión de atormenta-hijos. Podríamos alargar la lista con la multitud de elementos fantásticos que salpican su obra: los argumentos centrales de “La rosa púrpura del Cairo” o “Zelig”; ese Robin Williams desenfocado de “Desmontando a Harry”; la ceguera repentina de Allen en “Un final made in Hollywood”… Por no hablar de la obra teatral del cineasta “La bombilla que flota”, en la que el protagonista es Paul Pollack, el hijo de un humilde matrimonio, que trata de evadirse del mundo a través de la magia.

Sr. Allan Konigsberg (nombre real, para los pobres ignorantes, de Woody Allen): no puede hacerse usted una idea de lo que me alegro de sus fracasos en aquellos OT de la magia a los que se presentó. Gracias a esos rechazos, he podido disfrutar de innumerables momentos de carcajadas, reflexión y buen cine. Tres cosas que podrían llenar toda una vida.
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CARTA DE UNA DESCONOCIDA






¿Cómo reaccionarías si recibierais una carta de alguien a quien no recordáis, en la que os explica que, como está a punto de fallecer, quiere explicar que fuisteis el amor de su vida, y que los escasos y fortuitos momentos que pasasteis juntos marcaron su existencia?


"Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora."


Este es el comienzo de Carta de una desconocida, una auténtica delicia de película.
Joan Fontaine es Lisa, está estupenda en el papel de una mujer que no puede olvidar al amor de su juventud y es capaz de dejarlo todo por estar unos momentos con el; bajo su elegancia y fragilidad esconde una enorme pasión y una gran fuerza.
Louis Jourdan es Stefan, un atractivo músico, bohemio y mujeriego, que está acostumbrado a tener mujeres a su alrededor, por eso no es capaz de recordar a Lisa; de hecho, cada vez que la encuentra para él es como si fuera una nueva conquista, y a medida que se vaya haciendo famoso la irá olvidando cada vez mas. No nos encontramos ante el típico seductor malvado y sin escrúpulos (un Valmont, por decirlo de alguna manera), sino a una persona fruto de la Viena de su época: que se dedica a disfrutar de la vida, sin pensar en lo mas mínimo en las consecuencias.
Los dos actores están estupendos y hacen una magnífica pareja, pero lo que hace realmente especial esta película es la magistral dirección de Max Ophüls, de un lujo y un gusto exquisito. Escenas por ejemplo como la de la pareja en una especie de tiovio lleno de paisajes pintados son un buen modelo de ello.
El otro protagonista de la película es el destino, que jugará con la vida de los protagonistas hasta el último momento, haciendo que se encuentren cuando menos se lo esperen, o se separen, o que cojan una enfermedad....
Resumiendo, toda una obra de arte y un placer para los sentidos
El final no puede ser mas sobrecogedor: “Como se llamaba?” preguntará angustiado Stefan, a lo que su criado mudo le responderá, escribiendo el nombre. Pero ya todo es demasiado tarde, ya que Lisa ha muerto y ahora Stephan debe enfrentarse en un absurdo duelo con su marido. El destino ha jugado su última y malévola carta.
 
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