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ANTES DEL ARQUITECTO, EL SR. LIBRO



La gente que bien me conoce sabe que una de mis debilidades (a mí me parece una sabia virtud, pero estoy en minoría) es la pereza (confío en que John Doe no esté leyendo esto). Casi nunca acabo lo que empiezo (qué gran guitarrista, y qué gran karateka, perdió el mundo por culpa de mi inconsistencia) (y con este son cuatro paréntesis en cinco líneas, récord mundial oficial patrocinado por Gramáticas Pocholo) (ya que estamos, lo vamos a dejar en cinco), me cuesta horrores salir de casa y sólo hago deporte cuando se atasca la puerta de la nevera. Digo esto porque la película de la que voy a hablar hoy, “Dark city” (1998), ha sido emparentada en buena parte de sus críticas con “The Matrix” (1999) (glups-un año después); diría, de hecho, que el 80% de las referencias a “Dark city” vienen acompañadas por una reseña, ni que sea mínima, a la celebérrima trilogía de los/las Wachowski. Por tanto, ahora quedaría de lo más snob evitar conscientemente dicha analogía, o comentarla de manera despectiva, haciendo sarcástico hincapié en la abulia intelectual de la crítica cinematográfica-etc. Al peo. Me apuntaré sumiso al seguidismo y sacaré a la luz referencias y revisitadas comparaciones entre una y otra. O no tanto...

Hecho: “Dark city” no la vio ni cristo labrador cuando la estrenaron. “Ni cristo labrador” incluye a servidor: Alex Proyas venía de perpetrar “El cuervo”, que a Mi Majestad le aburrió prudencialmente, y que sirvió para añadir una muesca al típico reportaje de revista cinematográfica “Cuando la realidad supera a la ficción” con la absurda muerte de Brandon Lee, justo detrás del reparto de “Poltergeist” y la maldición de “Superman”. El tipo provenía del mundillo videoclipero y, la verdad, ni el cartel ni la sinopsis hacían presagiar nada que no llevara la etiqueta “carne de videoclub: poner en estantería junto a películas de Kevin Sorbo”. Pero la memoria cinéfila es más sabia y justa que la taquilla, y, con los años, “Dark city” se ha revelado como una cinta de culto, y una de las mejores producciones de ciencia-ficción de la última década. Nos cuenta cómo un tipo llamado John Murdoch (Rufus Sewell) se despierta una noche al lado del cadáver de una señora-que-fuma, aparentemente asesinada por él, sin recordar absolutamente nada de su pasado; mientras, un detective (William Hurt) investiga una racha de asesinatos de, mirapordónde, señoras-que-fuman, teniendo como sospechoso al bueno de John Murdoch. Además tenemos un médico tarado de una pierna y de la cabeza (Kiefer Sutherland), y a la mujer de John (Jennifer Connelly) que se reconcome entre la culpa de haberle engañado y la desaparición de su marido. ¿Cine negro? Pues aparentemente sí. Hasta que aparecen los Ocultos, una suerte de secta alienígena con afición a dormir a la gente (como José Montilla) y a cambiar la estructura de los edificios (como Carme Chacón), y entonces la búsqueda de sí mismo de John se amplía a la necesidad de saber qué está pasando en esa ciudad en la que nunca es de día y de la que nadie recuerda cómo salir. El filme hace gala de un aire noir de lo más canónico (influencia, una vez más, de “Blade runner”), empezando por el clásico personaje del héroe desmemoriado y perdido en un universo que sabe mucho más que él, pasando por esa femme fatale (y cantante) que es la mujer de John y por ese sabueso-con-sombrero que interpreta con la acostumbrada solvencia William Hurt. Hay tantos detalles a destacar de esta película que aunque parezca mentira, me falta post. Formalmente, el diseño de producción es extraordinario, dibujándonos una ciudad áspera, gótica, oscura y hostil que bien podría haberse llamado, pongamos por caso, Gotham City. El montaje es brioso y pertinaz (casi ningún plano, ojo, dura más de dos segundos: hay más de 3300 cortes), y la persistente presencia de la banda sonora, sólo apagada durante la primera sintonización, le otorga empaque unitario a la narración, proporcionándonos la sensación de que no hay tiempos muertos, a pesar de que no es una película de acción (la única escena que puede considerarse como tal es la confrontación final). Todo esto provoca que compartamos la sensación de angustia de John, su desorientación, su búsqueda contrarreloj. Angustia que nos lleva al discurso metafísico del filme, que no es en absoluto baladí, y en el que sí quisiera hacer entroncar a “The Matrix”, por encima de sus obvias similitudes de significante (que podéis observar aquí), y destacando precisamente sus significados matriciales opuestos. “The matrix trilogy”, aunque dudo mucho que su intención sea sermonear sobre ello, habla, a grandes rasgos, de la libertad del hombre desde su asociación, de la condición humana como bien absoluto y universal, y del redentor/mesías/putoamo que encabeza esa búsqueda y la finaliza con (relativo) éxito. “Dark city” nos ofrece el paso anterior, la génesis del mesías, pero desde una perspectiva filosófica más niesztchiana y bastante más individualista: lo que cuenta es el valor del individuo por encima del aborregamiento (representado por ese pensamiento único, literalmente hablando, que son los Ocultos, tan deshumanizados que se hacen llamar sr. Libro o sr. Mano), la insondabilidad del alma humana, inalcanzable para la dictadura de los que quieren manejar nuestra realidad y dibujar incluso nuestro pasado. Y se plantea otra pregunta, quizás la más interesante de todas: ¿somos nuestros recuerdos? ¿Somos nuestro entorno? ¿O hay algo más? Y si lo hay, ¿se llama alma? La película no ofrece una respuesta, así que mucho menos yo, que soy un gañán descerebrado. Me duele la cabeza de tanta profundidad.

En definitiva, “Dark city” es una película absorbente, un filme in crescendo sin parada pero con fonda cuyos efectos especiales están, por una vez, al servicio de la historia, y cuya tendencia al dejà vu cinéfilo (aparte de “Blade runner” y el cine negro, me vienen a la cabeza "Metrópolis", “Hellraiser” o “El show de Truman”) no impide que vaya más allá del pastiche insustancial de géneros, quedando en la retina como una de las propuestas más serias que haya ofrecido un género tan proclive al desparrame como es la ciencia-ficción.

...Y casi sin comparaciones con “The Matrix”. Marcbranches-1, pereza-0. Me voy a dormir.

6 comentarios:

Hatt dijo...

Yo la pillé un día de madrugada y la verdad es que me quedé enganchado. Pero más que nada por el tono negro. Y es que a mi, me meten una historieta en plan noir y unas pinceladas de ciencia ficción y ya me han comprado...

Nos leemos.

marcbranches dijo...

Yo soy más fácil que tú. Se me compra con unas pinceladas de Monica Bellucci, Scarlett Johansson, Kate Winslet o Maggie Gyllenhaal. O con una batseñal...

Heitor dijo...

Pues debí ser de los poquitos a los que la historia y el ambiente atrajo al cine (estoy dispuesto a ver purrelas de ciencia ficción a la mínima) y me encantó. Ese rollito metafísico y el aire a peli de Fincher me atraparon en seguida.
Por cierto... he de confesar que a mí "El cuervo" me rechifló. A mi si que se me conquista con poquito.

marcbranches dijo...

Pues menudas facilonas de carretera estamos hechos todos... aunque heitor, hasta ahora, con lo de "El cuervo", se lleva la palma en cuanto a ligereza de cascos. No sólo no te lo tomaremos en cuenta, sino que aplaudimos a rabiar tu frikismo desvergonzado. Saludos.

Laura Hunt dijo...

Pues esta película la pillé yo una noche en el canal + o algún canal de esos, de multidifusión, así casualmente hace unos cuantos años. La cuestión es que ya estaba empezada, pero me gustó mucho su atmósfera entre cine nego y ciencia-ficción, y me pareció que tenía muy buena pinta, así que decidí que lo mejor sería dejarla y repescarla en otra difusión desde el principio (más que nada porque no me estaba enterando de que demonios pasaba).

Y así lo hice, unos días más tarde vi la película desde el principio y la verdad es que me gustó, aunque en estos momentos... ya casi no la recuerdo. No se, mi memoria ya no es lo que era...

Habrá que revisarla.

marcbranches dijo...

La edad, Laura, que no perdona...


La verdad es que la dan muy poco por TV, así que si la pillas un día aprovecha. Igual la disfrutas más, viéndola sin la necesidad de saber qué coño está pasando... Saludos.

 
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