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MADISON AVENUE/ REVOLUTIONARY ROAD



Cuando se estrenó Revolutionary Road algún crítico la comparó con Mad men, y lo cierto es que tienen varios puntos de contacto: las dos suceden en los años 50 y reflejan el sentimiento de frustación de esa época. Dicen que la serie salía ganadora con la comparación. Bueno, no pienso llevarles la contraria.

Un grupo de publicistas de la prestigiosa agencia Sterling Cooper, liderados por el creativo Don Draper (Jon Hamm), se las tienen que ver de todos los colores para conseguir un buen cliente. No importa qué artículo venda; gracias a ellos, aunque sea un trasto totalmente inútil, nos parecerá algo imprescindible. Claro que antes de conseguir el contrato, lo más probable es que hayan emborrachado al cliente y le han conseguido una chica (o unas). Por supuesto, todo eso va incluido en los gastos de representación.

Estamos hablando de hombres que se creen Masters del Universo, y por eso se creen con derecho a todo, pero... ¿son felices? Algo huele a podrido en Sterling Cooper, ya que sus componentes necesitan estar bebiendo y fumando todo el día (alucinante la escena en que una de las protagonistas fuma mientras friega los platos con los guantes puestos -alucina, vecina-), y es muy revelador esas secretarias que se esconden en el lavabo a llorar, sin que sepamos porqué. Todos tienen que luchas contra un montón de prejuicios sociales: una mujer divorciada es como una apestada, la homosexualidad no asumida, ese luchar por un lugar en la cumbre que al final resulta ser un lugar vacío...

Quien tiene un mayor sentimiento de frustración es Don; parece tener todo lo que se puede soñar: un buen trabajo, una bonita casa, una esposa igualita a Grace Kelly y dos niños preciosos. Pero algo le destroza por dentro; no parece feliz en su matrimonio, y aunque no participa en las bacanales de sus compañeros, tiene varias aventuras amorosas, y no es extraño verle desaparecer sin motivo alguno. Hamm nació para llevar trajes y es el intérprete ideal para el personaje: atractivo y duro, pero con un punto de vulnerabilidad.

Su mujer, Betty (January Jones) tampoco es que esté dando saltos de alegría, precisamente. Aunque desconoce los deslices de su marido, de vez en cuando sufre crisis de pánico o ansiedad que la paralizan, y por eso tiene que ir al psicoanalista.

La ambientación de la serie ha sido uno de los factores decisivos de su éxito: decorados, vestuarios, música... por no hablar de los títulos de crédito, en claro homenaje a Saul Bass, pero precisamente eso puede que sea uno de sus inconvenientes, ya que en la segunda temporada parecieron caer en la tentación de todo ese envoltorio, dejando un poco de lado todo el desencanto de los personajes; pero aún así ha sabido aguantar bien, ya que los caractéres están lo suficientemente bien trazados como para aguantar: desde el jefe Roger Sterling (John Slattery), auténtico mentor espiritual de Don, pasando por el arribista Pete (Vincent Kartheiser) o la volupuosa Joan (Christina Hendricks).

Hace muy pocos días ha empezado la emisión en los Estados Unidos de la tercera temporada, que ha venido acompañada de varias nominaciones a los Emmys, lo que ha hecho que la quieran catalogar como la sucesora de Los Soprano. Por ahí sí que no paso, por mucho que me gusten los "hombres locos".

2 comentarios:

ANRO dijo...

Ya dejé constancia, querida Alicia, de mi interés por esta excelente serie, que según las estadísticas sube cada vez más en la aceptación de los televidentes.
La primera temporada la vieron 0.90 millones, la segunda 1.52 y la tercera, que está actualmente visionándose, 2.8 millones.
Dicho lo cual estoy de acuerdo contigo que no puede compararse a Los Soprano (en mi opinión difícil de alcanzar tal grado de calidad)

Mad Men parte de una premisa muy interesante y aunque la segunda temporada haya sido más floja que la primera, creo que la tercera puede ponerse en buen nivel. Ah!, una pequeñísima corrección. La serie parte de los 60, aunque la confusión con los 50 es fácil, ya que casi se solapan las fechas.
A mí me gusta en particular el carácter de Peggy Olson y las dificultades de su personaje para poder alcanzar un lugar en la cumbre (pocas mujeres pueden llegar a un puesto de "hombres")
En fin, se nota que me gusta la serie y voy a seguir la nueva temporada, que se anuncia en el plus para este invierno.
Un abrazote.

alicia dijo...

Esperemos que la tercera temporada sea mejor que la segunda, Antonio. Cierto que la serie empieza a finales de los cincuenta, y de hecho por lo visto la nueva temporada empieza con un nuevo salto temporal, como la anterior, tras el asesinato de Kennedy

 
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