RSS
Weblog dedicado al mundo del cine, tanto clásico como actual. De Billy Wilder a Uwe Boll, de Ed Wood a Stanley Kubrick, sin distinciones. Pasen, vean y, esperemos, disfruten. Si no es así, recuerden que NO han pagado entrada.
3

AMERICAN GEOGRAPHIC


Hace algunos días tuve la ocasión de leer en la página amiga “Blog de cine” un post que informaba del próximo estreno en un festival americano del documental “Manufacturing dissent”, de los directores Rick Caine y Debbie Melnyk. El documental analiza la carrera del celebérrimo Michael Moore, desde una perspectiva, por lo visto, de “amabilidad decayente”, después de escoltarle cual apóstoles durante la promoción de “Farenheit 9/11”; aunque son seguidores del orondo director, poco a poco van descubriendo que no es oro todo lo que etc., hasta el punto de que se publicita en la reseña del film que no fueron capaces de concertar una entrevista con Michael Moore (en paralelismo a la entrevista que Moore no pudo hacerle al presidente de General Motors, Roger Smith, en “Roger & me”) (aunque malas lenguas dicen que sí hubo entrevista y que se quedó en la sala de montaje). Este documental se pone a la cola de otro denominado “Michael Moore hates America”, o un libro de kilométrico y sutil título: “Michael Moore is a Big Fat Stupid White Man" (¡Dios mío! ¡Le ha llamado “blanco”!). Este pequeño anecdotario revela de manera precisa en lo que se ha convertido el geniecillo cabreado de Flint: una parodia de su propia voz crítica. La factoría Moore, hoy en día, mueve ingentes cantidades de dinero y, aunque esté enfrascado continuamente en donaciones de carácter benéfico, la imagen de maquinaria industrial elefantiásica se ha adherido a su imagen. Es el precio de salir a hacer política desde el amateurismo... Moore se había convertido a través de documentales y programas de TV (recomiendo vivamente un episodio de su “The awful truth” en el que se recorría la América profunda en una camioneta rosa llamada "sodomóvil" plena de locazas cantarinas medio desnudos, abriéndose paso entre “manis” en las que se berreaban consignas del tipo “Dios envió el SIDA para acabar con los maricones. Gracias Jesús”) en un fenómeno mediático y popular, y decidió dar un paso al frente. Por desgracia, “Farenheit 9/11” fue utilizada groseramente por los rivales políticos de Bush (y Moore es tan culpable como los demás), y lo que consiguió fue el antónimo de su propósito inicial: levantó en armas a la derecha, y despertó el voto dormido. Aquella foto promocional de Moore agarrado de la manita con Jorgito Bush jr. acabó siendo todo un presagio...

Bowling for Columbine” fue la punta del iceberg Moore. Un documental excelso, hemorrágico, manipulador, excesivo, regocijante, megalomaníaco, lúcido en muchas ocasiones, demagógico en otras... Un espectáculo como nunca se había visto en el género. A través de un montaje celérico e imaginativo, realizado con un imperial sentido del sarcasmo, Moore se monta en una noria de reflexiones, teorías y pensamientos cruzados acerca de la problemática de las armas en Yunaitedesteits desde un absolutista subjetivismo. En este sentido, el señor Moore no engaña a nadie: es el protagonista del film, aparece en buena parte de los planos, narra en primera persona como si fuese el profesor de una clase de tres alumnos, combina estados de ánimo a gusto del consumidor... Se ha criticado mucho el efecto manipulador de los datos e imágenes con las que nos ametralla durante cien minutos. Pero yo me pregunto: ¿No es el montaje, en sí, subjetivismo y manipulación? En cuanto a una noticia o documental le aplicas el primer corte, ya estás decantándote; ergo, no sólo el travelling es un punto de vista, sino que el montaje también. Marcbranches dixit. Moore pone en práctica el monólogo interior durante el documental, trasluciendo sus dudas y el tránsito de diversas teorías (la venta libre de armas, la historia sangrienta del país, el miedo como motor vital e histórico del país, las carencias educativas y sociales), enfrentadas la una a la otra, a través de datos, cifras, experiencias personales y entrevistas con personajes relacionados de una u otra manera con Columbine o eventos similares. En este último apartado, es necesario destacar las intervenciones límpidas y preclaras de dos personajes famosos, Matt Stone y Marilyn Manson, este último demonizado durante aquella época después de saberse que los autores de la masacre eran seguidores suyos. En cuanto al tono del documental en sí, sin abandonar más que en momentos puntuales el salubre tono sarcástico (el modo de mostrar la tragedia de Columbine, sobrecogedora, desde las múltiples llamadas al teléfono de emergencias con el fondo de las imágenes de las cámaras de seguridad del colegio), poco a poco va tornándose más trascendente y circunspecto, hasta llegar al final made in Hollywood, y nunca mejor dicho: un Charlton Heston, a quien durante el filme le hemos visto agresivo, desafiante, firme y bravucón en sus discursos de la Asociación Nacional del Rifle, que durante la entrevista con el director poco a poco va dejando caer la endeblez de sus argumentos, sin remisión, hasta abandonar el ring como un anciano (vital y moral), sin siquiera toalla que arrojar, cansado y vapuleado por la foto de una niña de seis años fallecida por un disparo de un niño en su colegio. Un final, como he dicho, que, independientemente de la opinión personal de cada uno al respecto, confirma a Michael Moore como un excelso pianista del espectáculo, sabiendo tocar en cada momento las teclas adecuadas. Charlton, hijo, has quedado marcado para siempre.

En definitiva, un experimento I + O (investigación + opinión) que acaba siendo una quirúrgica deconstrucción de América y el americano medio. Quizás con “Sicko”, su nuevo trabajo, en este caso sobre el sistema sanitario americano, Michael Moore recupere parte del prestigio desgajado durante su zambullida política. Ojalá, porque, se esté de acuerdo con él o no, un personaje como este es absolutamente necesario para que alguien, desde fuera de su ámbito, les mordisquee perrunamente la pernera del pantalón a los políticos.
2

¿QUÉ SIGNO ERES?



Experto en videoclips, el salto de David Fincher a la dirección ha sido uno de los mas interesantes de los últimos tiempos; películas como Se7en o El club de la lucha han demostrado que vale la pena estar pendiente de él. Aunque ahora ya está metido en pleno rodaje de The curious case of Benjamin Button, donde Brad Pitt interpreta a un hombre que va rejuveciendo progresivamente, todavía estamos a la espera de ver Zodiac, inspirada en el caso de uno de los mas famosos psycho killers de los Estados Unidos, que nunca fue atrapado. Para ello se ha rodeado de un reparto magnífico: Robert Downey Jr, Jake Gyllenhaal, Brian Cox y Mark Ruffalo. La cosa promete.

9

EL SILENCIO ES ORO



¡Atención!: Nueva trilogía. Primera parte: El actor es la estrella.
Hubo un tiempo en el negocio en que tenía los ojos de todo el mundo. Pero eso no era lo suficientemente bueno para ellos, ¡oh, no! Debían tener los oídos del mundo entero también. Así que abrieron sus bocazas y empezaron a hablar, hablar, ¡HABLAR!

El paso del cine mudo al hablado fue realmente traumático para mucha gente, requería una forma de interpretación totalmente distinta y no todos estaban preparados para ello. Solo algunos afortunados supieron hacer el cambio, como por ejemplo Greta Garbo, pero muchos otros se encontraron arrinconados y olvidados de la noche a la mañana; habían sido ídolos de todo el mundo, unos auténticos dioses por los que la gente era capaz de hacer auténticas locuras, el mas mínimo deseo suyo, por estrafalario que fuera, era una orden ;pero ahora nadie quería saber nada de ellos, eran unos juguetes rotos que sólo tenían los recuerdos de un pasado glorioso.
Nadie como Billy Wilder supo reflejar ese momento, con una lucidez, crueldad y fascinación increible en Sunset Boulevard, que por caprichos de los traductores se convirtió en El crepúsculo de los dioses, de resonancias wagnerianas. Hay gente que no le supo perdonar, como por ejemplo Louis B. Mayer, que le dijo furioso “Ha desprestigiado a la industria del cine. Ha mordido la mano que le convirtió en alguien y que además le dio de comer. Deberían alquitranarle, emplumarle y arrojarle del país.” La respuesta de Billy fue muy breve : “Fuck you”.
Uno de los mayores aciertos de la película es el reparto, compuesto por personas que vivieron ese traumático cambio: Gloria Swanson, Erich Von Stroheim, Cecil B de Mille, la película que ven proyectada los protagonistas es La reina Kelly, que fue rodada por Stroheim con Swanson, la frase de Max diciendo “Sólo había tres directores: Griffith, De Mille y yo” (totalmente cierta), la irrupción en el verdadero rodaje de Sansón y Dalila de De Mille... todo contribuye a que la identificación sea total y que sea una película irrepetible.
Desde el principio una voz en off nos explica una historia, el único inconveniente es que está muerto. Pero eso no importa, ya que pronto veremos que estamos rodeados de muertos vivientes.
Norma Desmond (Swanson) es una antigua estrella del cine mudo, que vive aferrada a los recuerdos de su pasado, Joe Gillis (William Holden) es un guionista con problemas económicos que encuentra en Norma un cheque en blanco, pero no le gusta pensar que se ha convertido en un gigoló, prefiere engañarse a si mismo considerándose un escritor. La atmósfera de la mansión donde vive Norma es enfermiza, claustrofóbica: funerales de monos, partidas de cartas con “figuras de cera” como Buster Keaton o Hedda Hooper, los patéticos esfuerzos de Norma de divertir a Joe haciendo de Charles Chaplin o bañista de Mack Sennett, la relación de Norma y Max (Stronheim)...
Los estilos de interpretación de Swanson y Holden se ajustan perfectamente a su papel: ella gesticulante, exagerada, desmedida, como si aún estuviera actuando en una película muda, él sobrio, contenido, natural, moderno.
Por supuesto no podemos olvidar la deslumbrante escena final, en la que Norma Desmond ya ha perdido totalmente el sentido de la realidad y cree estar rodando una nueva película, que acaba con ella acercándose fantasmagóricamente a la cámara... Uno de los mejores finales de la historia del cine que pone el broche de oro a esta obra maestra.
9

LA NOCHE DE MARTY... Y DE AL GORE



Suena el despertador a las dos. Sacándome las legañas con una pala, me conecto al ordenador para seguir la gala de los Oscars de este año a través del popular canal de TV Rustavi 2, de Georgia. Enseguida compruebo que los comentaristas lo traducen todo a su idioma, y me pongo en la radio "Lo que yo te diga”, de la SER. Van a impedirme escuchar la mayoría de los chistes de Ellen DeGeneres, pero nadie es perfecto. Veo un resumen de la alfombra roja en el que la TV americana inserta estadísticas sobre los vestidos de las actrices como si fuera un partido de la NBA; Pe lleva un vestido Versace color carne que me hace preguntarme, en un primer momento, si ha dado el gran golpe yendo desnuda a la ceremonia. No me había frotado bien los ojos. Observo el peinado de Cameron Diaz, y sospecho que ha venido en moto. Empieza la gala de la nosecuantésima edición de los Premios de la Academia.
-02:30. Después de un video, de repente a todos los presentes les da por besarse, como si estuvieran en misa. Primer notición de la noche (Jack se ha rapado y da más miedo aún de lo habitual) y primer parecido razonable: Jack Nicholson/Rod Steiger. Ellen DeGeneres aparece templada en el escenario, y suelta, entre otros, un buen chiste sobre Al Gore. Será la tónica habitual de la velada.
-02:45. La comentarista de la SER dice que está espléndida, pero a mí me parece que Nicole Kidman está escuchimizadísima, a pesar del impactante vestido rojo-Vodafone. Primer Oscar para “El laberinto del Fauno”, Mejor Dirección artística. Lo celebro con unas galletas Príncipe-doble de chocolate.
-02:58. Primer número musical, con Will Ferrell (con peinado Starsky) y Jack Black, con su eterno careto de sobredosis de coca. John C. Reilly mejora la foto. Segundo Oscar para el Fauno, Mejor Maquillaje, de una desarmante lógica.
-03:04. Momento niñorrepelentista con Abigail Breslin y el hijo de Will Smith, que dan paso a la primera decepción de la noche. No hay Oscar al mejor corto ni para Borja Cobeaga ni para Javier Fésser, que era uno de los favoritos. Snif. Asimilo el disgusto con un yogurt de stracciatella.
-03:13. Sale un coro de 40 personas supuestamente adultas silbando y chistando, para dar paso al Oscar a los Efectos de Sonido. Mientras pienso en lo lejos que queda “Stomp”, aparecen Greg Kinnear y el próximo Superagente 86. Primera estatuilla para “Cartas desde Iwo Jima”, film que he visto esa misma tarde y que ya he determinado como “poco peligrosa” para Marty, aún siendo mucho mejor que “Banderas de nuestros padres”. Le dan el premio a la Mejor Mezcla de Sonido a “Dreamgirls”, lo que me hace cuestionarme qué diferencia hay entre “Mezcla de Sonido” y “Efectos de Sonido”.
-03:24. Me espabilo un poco para el Oscar al Mejor Actor de Reparto. Se lo dan a un abuelo heroinómano interpretado por Alan Arkin, quien desenfunda, como la mayoría de los premiados, una lista escrita de agradecimientos, en contra de las recomendaciones del DVD de la Academia presentado por Tom Hanks que se les envió a los nominados. Si nadie hace caso a Tom Hanks, es que algo muy extraño ocurre en Hollywood...
-03:30. Ellen DeGeneres intenta colocarle un guión a Scorsese. Igual es la única manera de que gane el jodido Oscar. James Taylor canta una canción nominada, perteneciente a una película de dibujos animados (como siempre) con Randy Newman (como siempre).
-03:37. Leo DiCaprio pelotea impúdicamente a Al Gore, quien, definitivamente, hace gala de los mejores chistes de la ídem. Faltan dos horas y media para que esto acabe. Quién me mandaría leer el email de Alice la Directrice...
-03:44. Cameron Diaz se ha peinado, Ben Affleck luce su elegante sosería presentando un video de aquellos de aprovecharé-para-mear, y Tom Hanks y Helen Mirren entregan el primer Oscar, Guión Adaptado, a “Infiltrados”. ¿Pista?
-04:05. Anne Hathaway y Emily Blunt anuncian, evidentemente, el Mejor Vestuario, aunque sus vestidos se me antojan algo “discutibles”. La presentación de los nominados (unos modelos en el escenario) es original, y la ganadora es “New Order”, digo, “Maria Antonieta”. La italiana Milena Canonero sube al escenario y nos demuestra que ha cumplido escrupulosamente el protocolo de vestimenta masculino.
-04:08. Aparece tito Tom. Presenta un premio honorífico (no me preguntéis ni cómo se llama el premio ni a quién se lo dan, porque no conozco a ninguno de los dos). Primera ovación levántate-que-si-no-quedas-mal-en-la-tele, en inglés “stand-up ovation”. Me invade la curiosidad: ¿se habrán encontrado Pe y Tom peleándose por el último canapé de la bandeja? Necesito más café, aunque mi hernia de hiato se queje.
-04:15. DeGeneres le ruega a tito Spielberg que le haga una foto con Scorsese, y le corrige el ángulo de cámara: quizás el mejor momento cómico de la noche. Navarro (Fotografía) le da un 3 de 3 al Fauno, y no hablo de basket precisamente. Robert Downey jr. se muestra con pinta de haber dejado las drogas, pero no saber dónde. “Piratas del Caribe 2” se lleva Efectos Especiales, aunque el único Oscar que se merece es Mejores Efectos Narcóticos. Me apetece una manzana, ácida, por supuesto.
-04:30. Clive Owen y Cate Blanchett, muy atractivos los dos, presentan el Oscar a la Mejor Película Extranjera (un poco más y nominan “Infiltrados” por estar basada en un film de Hong Kong). Un señor alemán salta como si fuera Yoda en el “Episodio II”, lo cual no es buena noticia para Guillermo del Toro. Tranqui-Guille, si te estás forrando con la taquilla...
-04:36. De mayor quiero ser George Clooney. Qué porte, qué voz derritenenas, qué todo... Oscar a la Mejor Actriz de Reparto para Jennifer Hudson, a quien echaron hace un año del “Operación triunfo” yanqui. Ánimo Chenoa, y preséntate al casting de la próxima de Amenábar. Lo siento por mi favorita, Rinko Kikuchi, que por cierto está imponente.
-04:48. Gael García Bernal consigue su propósito de asemejarse a Alejandro Agag y se lleva el premio al Peor Peinado por su corte estilo “tejado”. Al Gore se lleva su cantadísimo Oscar al mejor documental. Sin duda, esta es su noche. La platea pone cara de actor comprometido mientras Gore suelta su discurso pro-climático.
-05:02. Tito Clint presenta el Oscar Honorífico a Morricone, con ese aire de abuelo apacible y cachondón que se le ha puesto. Chicos, otra vez a levantarse. Por cierto, Celine Dion aún existe. Por desgracia. Luego, Pe y Hugh Jackman proclaman la Mejor BSO, que gana una película casi sin BSO (“Babel”). Cosas. Penélope está guapa, pero no supera su radiante belleza de los Goya; le sienta mejor el pelo suelto. Mis globos oculares necesitan el abreojos del proyecto Ludovico de “La naranja mecánica”.
-05:23. Cancioncillas. Beyoncé actúa con el vestido más largo que haya llevado nunca. Me doy cuenta que Eddie Murphy se ha volatilizado de la sala. Supongo que está en el bar, olvidando... Nuevo parecido razonable: John Travolta quiere ser Alec Baldwin. Kate Winslet aparece hermosísima, y además le da a “Infiltrados” el Oscar al Montaje. Siempre me ha caído bien Katie (Winslet, no Holmes). Jodie Foster, por su parte, asoma con un tocado a lo Meg Ryan y presenta el momento-funeraria. No sale Estrella Morente, así que el público puede aplaudir a los desaparecidos a gusto.
-05:55. Un desaliñado P. Seymour Hoffman otorga el Oscar más asumido de la noche a Helen Mirren. God save the Queen. No puedo evitar, al ver a las nominadas, pensar en esa catorceava designación de tía Meryl por un papelucho resuelto por la diva con el Streep automático.
-06:04. Ya vamos tarde... A medida que pasan los premios, los presentadores caminan más veloces hacia el atril. Otro premio cantado, este para ese armario ropero llamado Forest Whitaker. No he visto su interpretación de Idi Amin, pero pinta papel muy lucido, muy oscarizable. Salen Coppola, Spielberg y Lucas para entregar el premio al Mejor Director, y en ese momento ya sabemos que esta va ser, por fin, la noche de Marty, quien se lleva la ovación más sincera de la gala antes de desempolvar por fin el papel de agradecimientos que llevaba guardado en el bolsillo desde hace casi treinta años. Jack redondea la faena anunciando, junto a Diane Keaton, que “Infitrados” también gana el Oscar a la Mejor Película. Son las 06:15 del día 26 de febrero del 2007, y por fin se ha hecho algo de justicia, aunque no dejo de pensar que es pelín bizarro que el primer Oscar de Scorsese sea por esta película que, sin duda, a pesar de ser excelente, no está entre sus tres mejores obras; y que, aunque mi corazón estaba con Marty, mi cabeza, mi traicionera cabeza cinéfila, estaba con... Paul Greengrass. God save Scorsese. Me voy a dormir.
9

DICHOSO COCHECITO




Que Brian de Palma nos suele dar una de cal y una de arena es cierto, y parece que últimamente se está pasando con la arena, pero cuando acierta, pocos nos hacen disfrutar como él. En Los intocables de Elliot Ness, aparte de contar con un reparto sensacional: Kevin Costner (más Gary Cooper que nunca), Sean Connery, que entró en una nueva edad dorada, Robert de Niro, enseñándonos las múltiples utilidades de un bate de baseball, Andy Garcia... no sólo nos regaló una trepidante historia de gangsters, sino que se permitió el capricho de homenajear no a Hitchcock (como es habitual en él), sino que ni mas ni menos que a El acorazado Potemkin en la famosa escena de la escalera de Odessa, aquí convertida en una estación de trenes. ¡Que alguien coja al puñetero cochecito de una vez, por favor!
5

CHOQUES EN CADENA



Ahora que falta tan poquito para la entrega de los Oscars, (¡qué nervios, Pe!, ¡qué nervios, Guillermo!) no está de mas recordar la película que resultó ganadora del año pasado, para sorpresa de todos: Crash. Que si no se lo merecía, que si le tocaba a Brokeback mountain, o a Munich, o a Good night and good luck, que si era una imitación de Magnolia.... tal vez sea verdad, pero tampoco es mala.
Nos encontramos con una historia coral, en la que varios personajes totalmente distintos que aparentemente no tienen relación entre sí se cruzan, aunque al final todas las historias se juntan y complementan. Eso no es nuevo (Vidas cruzadas, por ejemplo). Además se toman los conflictos raciales como tema; tampoco es una novedad (Ragtime), y lo situamos en Los Angeles (Grand Canyon) ¿Qué la diferencia de ellas? Pues probablemente el sentido de crispación. Todos los personajes parecen estar al borde de un ataque de nervios y sólo encuentran la violencia como vía de escape. El único momento de aparente tranquilidad es cuando un padre intenta calmar a su hija inventándose un cuento para que no tenga miedo. Cada uno de los protagonistas nos mostrará sus dos caras, aunque se abuse de ello, no hace falta estar diciendo continuamente que todos somos capaces de lo peor y lo mejor, según el momento y las circunstancias, pero la idea es buena. El policía racista en otro momento se comporta como un héroe, y el policía idealista acaba matando movido por sus prejuicios.
Paul Haggis es guionista, y eso se nota (Million dollar baby, Banderas de nuestros padres... y también Casino Royale). En su segunda película como director, lo que mas le interesan son los personajes y sus motivaciones. Diálogos como los de la filosofía del hip hop son buena muestra de ello y que hay un mínimo de buena base para que le tengamos en cuenta.
Las tres escenas que se quedan en la memoria son la del disparo del propietario de una tienda a un cerrajero, entre los que se interpone la hija de éste último; la de el policía que acaba disparando en el interior de su coche a un autostopista, por error, y la del rescate de una mujer por otro policía en otro coche, a punto de explotar. Son algunas de las situaciones límite a las que se ven arrastrados los personajes, pero no las únicas. ¿Hay alguien normalito en Los Angeles?
Lo mas curioso es que los perjuicios raciales se nos muestran de manera que nadie se salva de ellos: blancos, negros, rojos o amarillos, llegado el momento, mostrarán su desconfianza por los que no son como ellos, aunque Haggis no es Spike Lee, y se nota.
El montaje es bueno, ya que las historias se van mezclando adecuadamente y el reparto es excelente, destacando Matt Dillon y Don Cheadle, que ya había participado en otra película coral como Traffic. Brendan Fraser, Thandie Newton y hasta incluso Sandra Bullock (¡milagro!, aunque sea el personaje mas desagradecido de todos) están más que correctos.
Que al final caiga la nieve, como un elemento sobrenatural, sirvió también para reavivar las comparaciones con Magnolia y la lluvia de ranas. Haggis, mira de ser un poco mas original, hombre, y mira de demostrar que al final te has acabado mereciendo el Oscar. Te estaremos observando. Es un aviso.
3

UNA MIERDA CON TALENTO


Eh, que lo dijo Kirk Douglas, no yo, a ver si vamos a liarla...

Muchos de los colaboradores que Stanley Kubrick tuvo durante su carrera aseveraron esta famosa frase de tito Kirk al respecto del endemoniado carácter del maestro. Huraño, perfeccionista hasta el absurdo, egocéntrico, innovador, introvertido, huidizo, determinado hasta la tozudez más irritante, calculador, maniático... Todos estos, y unos cuantos más, son adjetivos que casan perfectamente con la alambicada personalidad del director del Bronx; pero la frase que quizás mejor le define es la de papá Douglas, acompañada del hecho irrefutable que, a pesar de haber sufrido sus malhumoradas durante “Senderos de gloria”, tito Kirk no titubeó a la hora de sustituir a Anthony Mann en “Espartaco”... Sus aficiones extracinematográficas marcaron su carrera como director: la fotografía (tan vital en su cine como innovadora a cada película) y el ajedrez (¿había dicho lo de calculador? Pues eso). Siempre al día de los últimos avances técnicos cinematográficos, en particular de operación de cámara y montaje, su obsesión y su minuciosidad fueron tormento de innumerables cameraman, directores de fotografía, actores, diseñadores, script girls y hasta señoras de la limpieza. Pero su carrera cinematográfica es, quizás, la que ha sacado mejor nota media en la historia del séptimo arte: su peor película, sea cual sea, es de notable. Su madre hubiese estado orgullosa de esas calificaciones, a pesar de la “E” en actitud...

Stanley Kubrick, originario de una familia judía de clase media-alta del Bronx (¿ein? ¿media-alta? ¿En el Bronx? ¿Pero allí no eran todos traficantes negros con pistola? Maldito John Singleton...), empezó a hacer cine a través de su afición por el periodismo gráfico. La revista “Look” le tenía entre sus fotógrafos preferidos, pero Stan necesitaba contar cosas, y los planos fijos no le parecían el método más adecuado, así que se puso manos al cortometraje (tres, en concreto), y a su primer largo, “Fear and desire”, del que apenas quedan copias puesto que Kubrick la considera “un error de juventud”. “El beso del asesino”, un pequeño thriller en blanco y negro, llama la atención de un productor de la NBC, que se asocia con él para dar a luz su primer acojofilm oficial, “Atraco perfecto”, cuya narración deconstructiva de un atraco a un hipódromo ha sido caldo de cultivo de cienes y cienes de películas de género negro (¿akesí, Quentin?). “Senderos de gloria”, una sutilísima apología antibelicista fuera de los límites del panfletismo, y que nos ofreció uno de los finales más bellos que uno pueda recordar, fue su siguiente película, y la que comenzó a cavar, sin él saberlo, la tumba de su incipiente relación con Hollywood. Kirk Douglas le contrató para sustituir a Anthony Mann en “Espartaco”, pero Kubrick se encontró con un enfoque por parte del guionista Dalton Trumbo (estrella invitada del programa “La lista de McCarthy”) que, por decirlo de manera suave, no le acababa de hacer; además, tuvo problemas con la censura (aquella escena en que Tony Curtis y Laurence Olivier divagaban sobre... caracoles y ostras...), y aquella experiencia le decidió a mudarse a Londres, desde donde rodó, aunque con capital yanqui, el resto de sus películas. A partir de aquí, Kubrick se dedica a la caza y captura de la literatura y su autor como base guionística del resto de sus films, empezando por su colaboración con Vladimir Nabokov para la escritura de “Lolita”, ya comentada por Su Insidiosa Majestad Marcbranches acá mismamente. “Dr. Strangelove” nos muestra el sentido del humor de Kubrick, bastante menos sutil de lo que uno pudiera esperar; en cualquier caso, otro dardo al corazón del belicismo a través del triple salto mortal de un desatado y exhuberante Peter Sellers. A estas, alturas, todo el mundo (cinéfilo o no) se dirige a monseñor Kubrick con el vocativo “genio”, de lo cual no reniega en absoluto, y le dan unas cuantas cartas blancas para hacer y deshacer en la baraja cinematográfica. Retoma el camino emprendido con Nabokov, en este caso al lado de Arthur C. Clarke, y reinventa el cine de ciencia-ficción con “2001”, sin importarle que el escritor acabase retirándose a Sri Lanka harto de sus continuas desavenencias, y que hasta la compañía IBM, que en un principio le asesoraba, se desentendiese del film. “La naranja mecánica” es un icono temático y visual ineludible de los setenta, tan controvertida (por su desprejuicio sexual) como superlativa. “Barry Lindon” es su película más pictórica, inspirada estéticamente en cuadros del XVIII y con una cuidadísima fotografía basada en una preciosa luz natural a la luz de las velas. Toca fusilar a Stephen King y reinventar otro género, el terror, así que tito Stan pergeña “El resplandor” a los hombros del desencajado rostro de Jack Nicholson; quizás la película de Kubrick que peor ha envejecido. Siete añitos se pega el buen hombre hasta “La chaqueta metálica”, un nuevo discurso antibélico, en tres actos muy definidos, que amenaza con subirse al pedestal de “Apocalypse now”. Aunque flirteó con un proyecto llamado “Inteligencia Artificial” (tengo un dejà vu...), su siguiente (y póstuma) obra fue la brillante aunque irregular “Eyes wide shut”, en la que un pusilánime Tom Cruise se esfuerza para asimilar la sexualidad malsana, enfermiza, orgiástica y extremadamente morbosa del filme, mientras una ronca y mordaz Nicole Kidman se reafirma en el imaginario sexual de muchos hombres al son de Chris Isaak (ese espejo...). Un ataque al corazón heló el mundo del cine, y nos dejó huérfanos de uno de los mayores talentos artísticos de la historia, no sólo del cine, sino también del arte. Saca una buena foto del cielo, Stan.
8

HACIENDO MONADAS



La ciencia ficción puede tener contenidos filosóficos(2001, Blade runner), de terror (Alien), o de simple aventura espacial (Star wars).... pero a veces (muy pocas) también puede no ser nada de ello, y ser totalmente original, como Doce monos.
Que Terry Gilliam es un visionario, ya lo habíamos descubierto en Brazil o El rey pescador, y aquí lo volvió a confirmar. Su forma de presentar el futuro es tan opresiva, delirante e imaginativa como en Brazil, sin necesidad de utilizar grandes efectos especiales. Todos somos controlados y vigilados: el Gran Hermano nos observa.
Desde 2035 se manda al pasado a James Cole (Bruce Willis) para que investigue las causas que acabaron con la vida de la humanidad como la conocemos. No, no nos encontramos en Terminator, ni Cole es Schwarzenegger; los viajes al pasado tienen muchos fallos y el protagonista acaba en un sanatorio mental, donde conoce a uno de los enfermos, Jeffrey Goines (Brad Pitt).
El hecho de que Gilliam usara a dos megastars como Willis y Pitt en un proyecto tan atípico fue todo un acierto, y los dos consiguieron una de sus mejores interpretaciones. Willis, contenido y vulnerable (preciosa la escena en la que está a punto de llorar al oír Bluberry hill por la radio y poder oler el aire fresco -¿quien dijo que los action men no lloran?-), aunque duro cuando hace falta, pero sin Yippee-ki-yays; frente a un desquiciado e hiperactivo Pitt, gesticulando mas que Jim Carrey, que hasta nos hace olvidar lo guapo que es.
El discursito anticonsumista de Pitt ya nos preparaba para Tyler Durden, y la manera de presentar la locura como único escondite posible para la cordura es muy atractiva; cada vez se van haciendo mas difícil distinguir los límites que separan a una de otra, y Cole empezará a pensar que es “mentalmente divergente”, eso haría todo mas sencillo y que todo encajara y podría disfrutar de una estancia en los Cayos de Florida, que es lo que al fin y al cabo queremos todos.
La manera en que se usa Vertigo es maravillosa y muy apropiada, no un simple homenaje sin mas. A la que Cole ve a Katrhyn (Madeleine Stowe), después de quedarse dormido mientras proyectaban la película de Hitchcock, y la encuentra teñida de rubio, mientras suena la música de Tristan e Isolda de fondo, es como si ella saliera, no de entre los muertos, pero si del interior de la pesadilla que le ha perseguido de pequeño. “Siempre supe que eras tú” .Por un momento, pasado y presente se juntan. Lo que no saben es que ellos mismos han estado creando el futuro que intentan combatir, y que sus esfuerzos por cambiarlo serán un fracaso.
Los doce monos se convierte en un gran McGuffin, como lo fue Rosebud, por ejemplo; en realidad lo que menos importa es lo que significan, sino todo lo que se explica, y como. Esta es una película que se ha de ver mas de una vez, siempre aparecerán detalles que habían pasado desapercibidos en otras ocasiones. Ah! Y por si fuera poco, tanto Brad como Bruce muestran sus gloriosos traseros ¿no es aliciente suficiente?
La próxima vez que cojáis el teléfono, pensadlo dos veces antes de contestar.
10

TODO EL MUNDO ES JAPONÉS


-¿Tengo que preocuparme por ti?

-Sólo si tú quieres.

Lost in translation”, 2003

Me llamo Bob Harris y dicen que soy un actor famoso. Estoy en Tokyo. No he estado nunca en Japón, y, a mis cincuenta y alguno, por alguna razón será. No me apetecía nada, pero me pagan un pastón por publicitar un whisky, y mi carrera cinematográfica se está estancando. No entiendo a los japoneses, siempre sonriendo, pasmados de mi unonoventa, gorgoteando su idioma. Creo que la traductora que me han asignado me torea, orientalmente hablando: el director del anuncio, que sólo habla nipón, me da instrucciones durante tres minutos, sin parar de gesticular y vociferar, y la tipa sólo me dice: “más intensidad”. El fotógrafo sí habla inglés, pero casi preferiría que no lo hiciera: que si Frank “Sinatara”, que si el “Lat Pack”, que si 007 (¡Roger Moore! ¡Ni siquiera Sean Connery! ¡El puto “Logel Mool”!). Mientras voy en el taxi, me sorprendo a mí mismo mirando por la ventanilla con cara de turista. Mi vida, durante los primeros días, se redujo al trayecto desde la habitación del hotel al mismo asiento del bar. Qué ásperos son los silencios de habitación de hotel: el sonido ambiente del aire acondicionado, los pasos de los huéspedes sobre el pasillo, tus pies agitándose entre las sábanas... El hastío me envuelve, me invade, me devora. Mi mujer (veinticinco años de casados + niños) me llama de vez en cuando para concederme el excelso honor (me gustaría agradecer a la Academia...) de elegir el color de la moqueta del salón... sin dejar de apuntar que el borgoña (¿qué color es ese?) es el más adecuado; habéis acertado, elegí el borgoña. Ni siquiera mi agente se ha dignado a acompañarme. Los pocos americanos que me he encontrado por aquí son idiotas (“¿Eres Bob Harris?”. No, soy María Magdalena en smoking...), y les entiendo menos aún que a los japoneses, por mucho que me haya tirado a la cantante del bar. Todos son idiotas menos una: Charlotte. Creo que tiene la mitad de mi edad, y el doble de mi melancolía. Es extraordinariamente inteligente, perspicaz, hermosísima, muy carnal. Le cuesta sonreír, y es una pena, porque cada vez que lo hace se ilumina Tokyo (más aún). Hemos salido un par de veces con sus amigos tokyanos (¿se dice así?), hemos cantado en un karaoke (cómo no), hemos hablado hasta dormirnos, y hemos conectado de una manera inexplicable. Ella es todo lo que tengo aquí. Nunca volveré a Tokyo, porque nunca volverán esos maravillosos momentos. He de irme, me espera mi resignación. Otros le llaman madurez...

Me llamo Charlotte. Tengo veintiséis años. Vine a Tokyo acompañando a mi marido, John, con el cual me casé hace dos veranos, un fotógrafo de moda que ha venido a Tokyo a realizar unos encargos. No me gusta su trabajo, ni el ambiente superficial y vacuo en el que se mueve; nos hemos encontrado con la mema esa que dice que es actriz, Kelly no-sé-qué, riéndose a cada instante y charloteando de asuntos tan trascendentales como las lavativas intestinales (pero claro, ella NO es anoréxica). Insólitamente, John parece que babea con ella. Dios, si debe comprar la ropa en la sección infantil... A veces no sé con quién me he casado, y me aturde esta reflexión, pero no tengo a quién explicárselo. Además, estoy en paro, y no sé qué hacer con mi vida; he sobrevolado mi etapa de fotógrafa, y he sido lo suficientemente lúcida como para evidenciar que no soy escritora. Así que me planteé este viaje como una manera de reencontrarme a mí misma, apreciar una cultura distinta, leer entre las líneas de la profundidad oriental. Me paseo por templos nipones, trato de imbuirme de su espiritualidad (como tantos otros que vinieron de allí y me contaron maravillas), pero no hay manera. No siento nada. No siento nada y eso me hace llorar, sola, en la habitación. Sin embargo, he conocido a alguien. Bob Harris, el actor ese. He visto alguna de sus películas, aunque no me gustan demasiado. Prefiero films del tipo “Las vírgenes suicidas” (¿de qué me suena?)... Me gusta hablar con él. Su sentido del humor es socarrón, ligeramente ácido, sin excesos, como una buena salsa; parece un urbanita de vuelta de todo, su estoicismo ante la vida me impacta, me obnubila. Saca lo mejor de mí, y creo que yo consigo lo mismo de él. No me hubiera importado tenerle de padre. Hemos salido juntos por Tokyo, le he escuchado destrozar “More than this” en el karaoke, hemos compartido el desconcierto ante esta ciudad-enjambre de luces de neón (me recuerda a una peli que vi en la tele... ¿”Blade runner”?) y máquinas recreativas... Pero él se ha tenido que marchar esta mañana. Le esperan su esposa e hijos. Nos hemos despedido tres veces. La última cuando ya no le esperaba; me ha encontrado paseando por la ciudad, de camino al aeropuerto, y nos hemos abandonado a un abrazo eterno, mientras me decía unas preciosas palabras al oído que me guardaré para mí (aunque algunos españoles creen que le oyeron...). Luego nos besamos. Nadie me podrá quitar ese momento. Nadie.

Siempre nos quedará Tokyo. Gracias, Sofía.

7

POBRE VIEJO LOCO



Una de las obras de Shakespeare mas tristes, lúcidas y pesimistas es El rey Lear. Si en otras ocasiones el camino a la corona estaba bañado de sangre, aquí además se añade la soledad de la vejez y la traición.
Kurosawa ya había adaptado a Shakespeare con El trono de sangre (su versión de Macbeth), y de nuevo volvió a él en una de sus mas lujosas y espectaculares películas, junto con Kagemusha: Ran (Caos); y para ello no dudó en cambiar el sexo a los protagonistas, convirtiendo las hijas en hijos y traspasando la historia al Japón feudal, porque una adaptación no tiene que limitarse a copiar las frases del original, letra por letra, sino captar el contenido, y eso se nota que lo entendió perfectamente, al igual que Welles (o mi Kenny, leñe).
Un señor de la guerra, Ichimonji (Tatsuya Nakadai), ya anciano, se ha pasado toda la vida luchando. Ahora por fin hay paz, pero ya es demasiado viejo para disfrutarla, por lo que decide que le suceda su hijo mayor, aunque quiere conservar su título y privilegios. A la que su hijo menor manifieste que la idea no es acertada, pues es mejor que haya un sólo jefe, le expulsará, sin comprender que ha sido el único sincero. Una escena nos habrá mostrado anteriormente la verdadera naturaleza del hijo pequeño: mientras el padre se queda dormido sentado en el campo, rodeado de invitados, los mayores critican su decadencia; el pequeño, aunque brusco en un principio, se limitará a cortar unas ramas de un árbol para que su padre esté a la sombra. A partir de aquí las traiciones y decepciones serán constantes y el soberano irá descubriendo uno a uno sus fracasos, así como las consecuencias de sus interminables guerras, generando odio y deseos de venganza... Descubrirá el engaño de los seres queridos e inesperadas muestras de bondad por parte de sus enemigos, haciendo que se vuelva loco, y al mismo tiempo sea más lúcido que nunca (¿o tal vez estar cuerdo es estar loco para los demás? Este... parezco una psicoanalista argentina. Macanudo). Rechazado por todos, no parará de vagar acompañado por el bufón de la corte, que como buen bufón, es el único capaz de decir verdades como puños sin que nadie le haga nada: “Nacemos llorando y a la que nos hemos hartado de llorar, morimos” (la alegría de la huerta, oiga; la próxima vez contrate a Los Morancos)
Deslumbrante la escena del ataque al castillo, sin sonido, sólo con música, mientras se suceden las muertes y el patriarca lo contempla todo desde una ventana, horrorizado. Finalmente, el ensordecedor ruido de los disparos nos devolverá a la realidad. El talento visual de Kurosawa, su forma de usar el color y la música aquí se demuestran perfectamente, pues el contraste de lo que se ve y lo que se oye produce un efecto impresionante. Tan sólo por esta escena valdría la pena ver la película. Pero no se vayan todavía, aún hay mas.
También es magistral su uso del paisaje; si nadie supo mostrar la lluvia como él, aquí son el viento y las nubes tormentosas las que reflejan los sentimientos de los personajes.
Es muy interesante el único personaje protagonista femenino, (Mieko Harada) una auténtica “femme fatale” con kimono, que consigue dominar y manipular a los hombres usando su atractivo sexual, digna sucesora de lady Macbeth, otra que también sabía lo suyo, aunque tuviera problemas con el quitamanchas.
 
Copyright 2009 LA LINTERNA MÁGICA. All rights reserved.
Free WordPress Themes Presented by EZwpthemes.
Bloggerized by Miss Dothy