Sin duda uno de los movimientos musicales más curiosos que ha habido es el glam-rock. A continuación de los hippies, con su desenfreno, el glam dió un paso más adelante e ironizó sobre la identidad sexual, hasta el punto de que todo músico perteneciente al movimiento decía que era homosexual, ya que sino estaba mal visto. Lo que importaba era la imágen;lejos del camino que estaba tomando la música hacia el rock sinfónico y psicodélico, el glam pretendía recuperar la frescura y el poder de provocación del rock and roll de los comienzos. La música era importante -por supuesto- pero la imágen adquirió un protagonismo determinante: purpurina, plataformas, plumas... todo estaba permitido en los setenta.
Todd Haynes consiguió su primer gran éxito como director con Velvet Goldmine, que fue considerada una basura por parte de la gente y la crítica, y por otro se convirtió automáticamente en una película de culto. ¿Hace falta decir por qué lado me decanto?
Con una estructura totalmente irregular, ya que los cambios temporales son frecuentes y se usan tanto técnicas de videoclip como de documental, Haynes nos muestra la historia de Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), una gloria del glam que murió asesinada en un concierto. Como si de Ciudadano Kane se tratara,un periodista,Arthur Stuart (Christian Bale) decide investigar esa muerte.
Más que un biopic al uso, Haynes hace un retrato de una época, centrándolo en el principal símbolo de su movimiento, y desde luego el mejor representante del glam fue David Bowie. Los parecidos de Slade con Bowie son evidentes, pèro como el Gran Duque Blanco no estaba dispuesto a que hicieran una película sobre él, no cedió los derechos de sus canciones para la misma, y hasta encontró que el protagonista no tenía carisma (?), se tuvieron que usar canciones de otros grupos como Roxy Music, Lou Reed,o T-Rex, pero aún así hay suficientes guiños y referencias como para saber que se refiere a él. Del mismo modo,Kurt Wild (Ewan McGregor)recuerda muchísimo a Iggy Popp, pero como he dicho, lo que cuenta al final es el retrato de esa época.
Probablemente ahora sería difícil encontrar un reparto mejor: Jonathan Rhys Meyers, aparte de tener el físico perfecto para el personaje, tiene una magnífica voz; al igual que Ewan McGregor pone toda su carne en el asador, sin el más mínimo tipo de prejuicio.De Ewan ya sabemos de sobras lo mucho que le gusta cantar y desnudarse, así que lo pasaría en grande, su Gimme danger es de las que dejan la boca abierta, y ni el propio Iggy podría ponerle alguna pega.Que encima Tony Colette hiciera de esposa de Slade y Christian Bale del periodista que investiga su muerte fue un auténtico lujo.
Así que olvidáos vuestros prejuicios, arriba la purpurina y las plumas. El glam ha muerto... ¡viva el glam!
Todd Haynes consiguió su primer gran éxito como director con Velvet Goldmine, que fue considerada una basura por parte de la gente y la crítica, y por otro se convirtió automáticamente en una película de culto. ¿Hace falta decir por qué lado me decanto?
Con una estructura totalmente irregular, ya que los cambios temporales son frecuentes y se usan tanto técnicas de videoclip como de documental, Haynes nos muestra la historia de Brian Slade (Jonathan Rhys Meyers), una gloria del glam que murió asesinada en un concierto. Como si de Ciudadano Kane se tratara,un periodista,Arthur Stuart (Christian Bale) decide investigar esa muerte.
Más que un biopic al uso, Haynes hace un retrato de una época, centrándolo en el principal símbolo de su movimiento, y desde luego el mejor representante del glam fue David Bowie. Los parecidos de Slade con Bowie son evidentes, pèro como el Gran Duque Blanco no estaba dispuesto a que hicieran una película sobre él, no cedió los derechos de sus canciones para la misma, y hasta encontró que el protagonista no tenía carisma (?), se tuvieron que usar canciones de otros grupos como Roxy Music, Lou Reed,o T-Rex, pero aún así hay suficientes guiños y referencias como para saber que se refiere a él. Del mismo modo,Kurt Wild (Ewan McGregor)recuerda muchísimo a Iggy Popp, pero como he dicho, lo que cuenta al final es el retrato de esa época.
Probablemente ahora sería difícil encontrar un reparto mejor: Jonathan Rhys Meyers, aparte de tener el físico perfecto para el personaje, tiene una magnífica voz; al igual que Ewan McGregor pone toda su carne en el asador, sin el más mínimo tipo de prejuicio.De Ewan ya sabemos de sobras lo mucho que le gusta cantar y desnudarse, así que lo pasaría en grande, su Gimme danger es de las que dejan la boca abierta, y ni el propio Iggy podría ponerle alguna pega.Que encima Tony Colette hiciera de esposa de Slade y Christian Bale del periodista que investiga su muerte fue un auténtico lujo.
Así que olvidáos vuestros prejuicios, arriba la purpurina y las plumas. El glam ha muerto... ¡viva el glam!






