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Weblog dedicado al mundo del cine, tanto clásico como actual. De Billy Wilder a Uwe Boll, de Ed Wood a Stanley Kubrick, sin distinciones. Pasen, vean y, esperemos, disfruten. Si no es así, recuerden que NO han pagado entrada.
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LA SALA DE TORTURA DEL CINÉFILO (VOL. 2)


Decíamos ayer...

Seguimos con la peregrinación por los tormentos habituales, los sutiles instrumentos de tortura que nos aplica la ignorante plebe a los insignes cofrades de la Comunidad del Ani... digo, de la Cinefilia. Akoki.

-No viaje con nosotros. Un buen cinéfilo no debe efectuar ninguna clase de viaje medianamente prolongado a menos que sea de importancia capital. Si no queda más remedio, se abstendrá de realizarlo en otro medio de locomoción que no sea su propio automóvil. ¿Por qué? Pues porque en caso contrario, se verá expuesto a la inmolación que supone un viaje standard en medios de transporte tales como a) avión o b) autocar. Si nos encontramos en la tesitura a), nos enfrentaremos al inconveniente de tragarnos, sin guarnición, películas de éxito indudable y de calidad manifiesta tales como “Dr. Doolittle”, “Novia a la fuga”, “The fast and the furious” o “Speed 2” (esta me la comí en mi viaje a New York, y la experiencia quedó irremediablemente lastrada). De lo cual se deduce que las líneas aéreas nos toman por idiotas (y en muchos casos, no están exentos de razón: si no, no se entienden las carcajadas que producen heces fílmicas como “Colega, ¿dónde está mi coche?"). En el caso propuesto b), en el cual nos solemos encontrar sólo si tenemos que ir al Pueblo (nombre que acomoda a todas las aldeas rurales de España) y no tenemos ni-pa-gasolina, los daños colaterales son muchísimo más aterradores; el viejo televisor Telefunken de sonido monoaural (en cristiano, sonido de mierda) nos ofrecerá, durante el inacabable recorrido, filmes de culto de enjundia tal como “Pepito Piscinas”, “La avispita Ruinasa”, “Sor Citroen”, o, si somos muy afortunados, un ciclo “Bud Spencer y Terence Hill” (sí, los reyes de los fostiones a mano abierta), con cine-fórum y posterior turno de ruegos y preguntas al conductor (todo un especialista en el género) incluidos. Lo peor no son las películas que este tipo de viajes te obligan a tragar. Lo peor es que desenfocan tu criterio cinéfilo; por tu cerebro tiende a sobrevolar una fatídica frase: “pues tampoco es tan mala”.

-Esta es la refinitiva. Me refiero a las ediciones especiales de los DVD’s. Un ejemplo que he leído hoy: “Los 4 fantásticos” está a punto de cumplir su ¡cuarta! edición en un año y medio. No tengo que explayarme mucho más, ¿verdad? Pues eso. Parece que todas las productoras siguen la regla “George Lucas” que dice que siempre hay una edición definitiva MÁS. Versión Extendida, Edición Especial, Versión 2.1, Edición Coleccionista, Director’s Cut, Edición Remasterizada, Especial 25 años... Mientras, no hay manera de que saquen al mercado de una puñetera vez “Criaturas celestiales”, “Clerks” o “Todo es mentira”. Sólo se me ocurre una cosa que decir: Mecagüenlastomasfalsasdelospiratasdelcaribeunaauna. Qué a gusto me he quedado... Por cierto. Si a alguien se le ha ocurrido comprar “Blade Runner”, que ha salido hace unos pocos meses, que sepa que no tardarán en reestrenarla en cine, y que ese reestreno dará lugar a una Edición Que-te-cagas en DVD con las dos versiones del filme. Duele, ¿eh?

-Los amigos-plasta. Categoría que también incluye a familiares. Todos aquellos que, de una manera u otra, tratan de: a) ponerse a tu (cinéfila) altura, b) aprovecharse de la misma. Entre los primeros están los que un día ven una exótica película europea (“Amelie”) y te dan la vara todo el día hablándote de lo malo que es el cine americano. Tú no te atreves, porque en el fondo le tienes cariño, a preguntarle el título de alguna película europea más, a riesgo de que te conteste, por ejemplo,”estoooo... eeerrr... ¿Un hombre-lobo americano en Londres?”. En esta subcategoría también se encuentran esos suegros particularmente irritantes que, en cuanto pones el DVD y asoman las primeras escenas, siempre (SIEMPRE) tienen a punto la siguiente combinación de cinco palabras: “esta ya la he visto”. Joder, pero si es “Spider-man 3”, la acaban de estrenar y se la ha bajado tu nieto de internet... En el apartado b) están esos amigos/primos/cuñados que creen que eres un “¿Quieres ser millonario?” andante, y a la que pueden te asaetan con preguntas tipo: “nene, ¿qué actriz era aquella que salía en esa película que ellos se conocen en una guerra, no me acuerdo cuál, que ella es enfermera?”. Pobre de ti que no respondas a la primera y sin titubear. “Hombre, si te lo doy mascado... ¿Y tú dices que eres cinéfilo?” Recordad, amigos, que el degollamiento está perseguido por la ley. También se ha dado el caso (lo he sufrido in person) de amigos que te llaman al móvil; tú crees que es para interesarse por la gripe que estás padeciendo, pero... “Oye, que estoy con unos amigos jugando al Trivial. ¿Te suenan unos hermanos que dirigieron una película que se llama “Padre, padrone”?”

Sí, jóvenes padawanes. Ser cinéfilo es extremadamente sufrido y fatigoso. Pero proporciona tanto bien a nuestros cultivados corazones, que vale la pena pasar por todas estas penurias. ¿O no?
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UNO DE NOSOTROS



No hay ni habrá una película mas perturbadora y fascinante que La parada de los monstruos.
Tod Browning ya desde niño mostró su afición por el mundo del circo y las variedades, donde trabajó varios años. Todas sus experiencias le marcaron a la que pasó al mundo del cine, tanto en la etapa muda con películas como El trío fantástico o Garras humanas, o en la etapa hablada con La parada de los monstruos o Muñecos infernales.
Resulta difícil creer que la Metro produjera una película así, que fue censurada, prohibida en muchos países y duramente criticada, siendo muy difícil de ver en la actualidad. La gente no estaba preparada para ver semejante desfile de freaks: enanos, diminutos, siameses, mujeres barbudas, hermafroditas, personas sin brazos ni piernas, microcefálicos.... todos ellos reales, nada de maquillaje ni efectos especiales. Gente totalmente marginada por su aspecto, que tienen que esconderse del resto de la sociedad, y la única forma de vida que encuentran es exhibiéndose en un circo. Sin embargo, el tiempo ha hecho de ella una película de culto, una extraña joya.
Hans (Harry Earles) es un diminuto que está enamorado de una bella trapecista, Cleopatra (Olga Baclanova), haciendo que olvide a su prometida, la dulce Frieda (Daisy Earles), aunque ella tan sólo está interesada por su dinero, no para de burlarse de él a sus espaldas y se entiende con el forzudo del circo, Hércules (Henry Victor).
Los que representan la “normalidad”, Cleopatra y Hércules, son en realidad despreciables, unos auténticos monstruos de egoísmo y crueldad, sin embargo los “anormales” muestran todo tipo de sentimientos y están sumamente unidos: quien ofende a uno de ellos, les ofende a todos; por eso, a la que Hans descubra como le ha engañado Cleopatra la venganza será terrible. Aunque también está la pareja formada por Venus (Leila Hyams) y el payaso Phroso (Wallace Ford) para demostrar que la gente “normal” también tiene buenos sentimientos.
Es difícil olvidar escenas como las del torso viviente encendiendo un cigarrillo, que acaba con la frase “¿sabes hacer algo con las cejas?” (¿quien dice que esta gente no tiene sentido de humor?), el banquete de boda rematado con el cántico de “te aceptamos como uno de nosotros”, que despierta las iras de Cleopatra y hará que Hans abra los ojos a la realidad, o ver a los componentes del circo arrastrándose por el suelo bajo una tormenta, amenazadores, persiguiendo a Cleo es una de las escenas mas alucinantes del cine de terror.
Aún así, la película tiene situaciones divertidas, como los coqueteos de cada una de las siamesas con hombres distintos, o dos de las frases de Roscoe, uno de los componentes del circo, que demuestra ser mas ingenioso que el payaso Phroso: la primera, refiriéndose a la mirada que le echa el/la hermafrodita a Hércules: “Creo que a ella le gustas... pero a él no”, o cuando ve salir a Hans de la caravana de Cleopatra “ No sabía que Cleo hacía régimen”.
Browning no trata a estos freaks con excesiva sensiblería (no hay mas que comparar esta película con Máscara, por ejemplo), sino como lo que son, personas humanas, con algún que otro defecto, sentido de humor, orgullosos de sus habilidades y con una fidelidad a prueba de bomba, creada como única defensa para su rechazo. Ese mismo rechazo hacía que fuera muy difícil relacionarse con ellos, según explicó el propio Browning hablando de su época circense; demasiados desengaños, supongo.
Finalmente, Cleopatra será para siempre “una de ellos”. Recomiendo este estupendo y detallado enlace para saber mas detalles de la película.
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EL BARBERO DE CALANDA


¿Es una película “Le chien andalou” (“Un perro andaluz”)? ¿O es más bien la confluencia de dos tormentas creativas, Dalí & Buñuel, en el cenit de la espiral imaginativa, sin estructura narrativa que les oprima? Una confluencia de imágenes provocadoras, vanguardistas, insurrectas, que arrasaron en la intelectualidad parisina y anclaron para siempre el movimiento surrealista en el arte cinematográfico. El “guión” se pergeñó en una semana y el filme se rodó en unos quince días (chúpate esa, Kevin Smith), con un presupuesto basado, en gran parte, en un préstamo de mamá Buñuel. Luego ambos genios intentaron proseguir con sus colaboraciones, pero se acabó la química, y pasaron de ser grandes amigos a odiarse cordialmente: son como niños. La escena del ojo y la cuchilla, la que abre la película, es la que más ha calado en nuestras retinas, y nunca mejor dicho. Disfrutadla, yo no soy capaz de verla sin sentir como si un kilo de tiza se arrastrase por una pizarra. Grima.

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SIEMPRE NOS QUEDARÁ BERLIN



Soderbergh es uno de los mayores ejemplos en la actualidad de director tipo doctor Jeckyll y Mr. Hyde; es capaz de hacer películas totalmente comerciales, sin mas pretensiones, como cualquiera de las entregas de la saga Ocean, o experimentos como Traffic y Bubble (que levante la mano quien la haya visto). El buen alemán es una prueba mas de esa dualidad; por un lado quiere ser un homenaje a las películas “de antes” : blanco y negro dominado por las sombras, rodado por cámaras de los años 50, con interpretaciones del estilo de esa época, el sello de la Warner antiguo, el uso de la música... y, por otro lado, la mezcla con el documental, el gusto por el anti-glamour, casi neorrealista, y una perspectiva muy actual, mostrando lo que no habría permitido entonces el código Hays.
La primera referencia a otras películas que viene a la cabeza es Berlín occidente, que mostraba a una ciudad totalmente destrozada en la que el mercado negro era la única salida, pero también las hay a El tercer hombre por el uso de las alcantarillas en la que se refugia un “muerto”, y Viena estaba prácticamente tan dividida como Berlín; por supuesto, no puede faltar Casablanca, por la historia de amor imposible entre una mujer casada que debe elegir entre apoyar a su idealista marido o quedarse con el hombre que ama, que incluye una escena final de la pareja en un aeropuerto.
George Clooney, el hombre a quien mejor le quedan los trajes italianos del mundo, pero que aquí desgraciadamente va todo el rato de uniforme, es Jake Geismer, un periodista militar que vuelve a Berlín a la que ha acabado la guerra, cuando está a punto de llevarse a cabo la reunión entre Stalin, Churchill y Truman en Postman, que servirá para dividir a Alemania en dos. El chofer que le han asignado es Patrick Tully, un Tobey Maguire que se empeña en hacernos ver que es algo mas que Spiderman (por cierto, duelo de Batman y Spiderman, ¡casi nada!), un golfillo que se dedica a traficar en el mercado negro intercambiando cualquier cosa, incluso a su novia, Lena Brand (Cate Blanchett), que había sido una antigua amante de Geismer. Un asesinato complicará las cosas, y es lo que menos necesitan las autoridades en esos momentos, pero Geismer se empeñará en investigarlo.
Si hay alguien que tenga el carisma de las estrellas de antes ese es Clooney, cuya socarronería le convierten en el sucesor de Clark Gable; aquí tiene que hacer de un personaje que viene a ser un poco Rick; en tierra de nadie, cínico pero en el fondo un romántico, hasta tiene una frase del estilo “De todos los chóferes del mundo...” mientras se toma su obligada ración de whisky. Y a mi que eso me suena...
El personaje de Lena Brandt está en la mas pura línea de Marlene Dietrich, y sobre todo de su papel en Berlín Occidente: aparentemente fría y distante, manipulando a los hombres, ambigua: ¿es buena o es una nazi? ¿puede ser las dos cosas? Sencillamente, es una superviviente. Además, le permite a Cate Blanchett lucir otro acento, como hizo con El aviador.
El Viktor Laszlo de turno es “el buen alemán” que da título a la película, alguien que quiere denunciar los crímenes de los nazis, pero es incapaz de ver todos los horrores por los que ha tenido que pasar su mujer.
Cada vez que se oye una voz en off es para indicarnos que a partir de ese momento vemos la historia desde el punto de vista de ese personaje.
La lucha entre los dos estilos de Soderbergh hace que la película no sea ni una cosa ni otra; ni carne ni pescado, pero aún así merece la pena verse.
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LA SALA DE TORTURA DEL CINÉFILO (VOL. 1)


¿Qué es un cinéfilo? Según la RAE, cinéfilo significa “aficionado al cine, u.t.c.s.”. Y ya está. Con esta ridiculez de definición, queda claro que a los abuelos de la Real Academia Española el cine se la trae al pairo. Por favor... Un cinéfilo es un monstruito que vive por y para el cine: que cada situación anómala que se le presenta en la rutina diaria ya la ha vivido en el cine; que siempre tiene un diálogo de cine a punto; que nunca mira, sino que encuadra; que siempre se queda en la butaca hasta el final de los créditos; que es el único en las conversaciones de los colegas, a la salida del cine, que habla de la “apelmazada fotografía tan característica de su director” (cinéfilos del mundo, frenad vuestras ansias de expresar vuestra Sabiduría delante de la vulgar chusma que no alcanza vuestro nivel, si no queréis parecer... informáticos); que, en definitiva, es un plasta de cuidado para todo aquel que no forma parte de la Elegida Comunidad del Celuloide. Es muy duro ser un cinéfilo practicante y devoto. Estamos rodeados de incomprensión, de inmadurez, de arrogante ignorancia (“¿Cómo dices? No, Lars Von Trier no es el delantero alemán que está intentando fichar el Barça. Pero por favor, si fue el creador del movimiento Dogma... No... No, no es un baile. Dioxxxxx...”), de una sociedad agresiva e inmisericorde con los pobres y sufridos cinéfilos, empeñada en torturarnos sistemáticamente con nimios comportamientos recurrentes, con pequeños capones en el lobulillo de la oreja que nos acaban por hacer explotar cual increíble Hulk. Luego se quejan de que aparezcan alienígenas como Carlos Pumares... ¿Ejemplos?

-La cola de la máquina de DVD’s. Os ha tenido que pasar a todos. Un sábado por la noche sin plan (uséase, cualquiera de los míos), te acercas a la máquina del Cinebank de turno (seguro que en el videoclub “El laberinto del fauno” ya está cogida). Una pareja joven se te adelanta por escasos segundos y realiza la fatídica (para tus intereses) acción de introducir la tarjeta. A esperar tocan. La primera en la frente: “¿te acuerdas de la contraseña?” Esto no puede acabar bien... Una vez consiguen llegar a la pantalla de selección (pensándose detenidamente cada botón que tocan), comienza la penuria. Mientras se van parando una media de 30 segundos en cada película, los comentarios van por los siguientes derroteros: “Esta la vimos”. “No me acuerdo, ¿cómo era?” “Sí, hombre, esta es aquella en la que ella se enamora de él, que es un taxista viudo, pero él tiene una relación con su hermana, la de ella, que no puede dejar porque el padre de él va a tener un hijo con una antigua amiga de la infancia. Pero luego el avión se estrella, y ella se arrepiente, pero él...”. Mientras te cuestionas sobre las carencias educativas de este país, la mitad masculina del aparato de tortura asiente displicente, y pasan a la siguiente película. Él dice, “hostias, Infiltrados, qué buena”, pero ella contesta, con mirada modelo esta-noche-al-sofá, algo así como “no, hombre, que me apetece ver una que sea BUENA DE VERDAD, una romántica”. El tipo resopla resignado (su ideal de escena romántica es el momento en que Bruce Willis le dice a su mujer “que te follen” en “El último boy scout”), y tú estás a punto de ir zumbando a tu ordenador a pedir por E-Bay un bate de béisbol... Después de minutos que parecen horas, acaban llegando a un acuerdo para elegir una de “mucha risa”: “Esta abuela es un peligro 2. Por fin tienes el camino libre, pero el mal cuerpo no te lo quita ya nadie...

- Los terroristas de la multisala 3. No creo que sea necesario extenderme demasiado. Los Buscadores de Palomitas (no se conforman con la primera que pillan, han de rebuscar en el paquete hasta encontrar la palomita perfecta...), los Señores de los Hielos (después de sorber ruidosamente el último estertor de Coca-Cola, les resulta insólitamente tentador remover la cañita entre el hielo sobrante) (hay una ramificación minoritaria de esta banda que se dedica a chupar los hielos, y conseguir que se entere todo el cine), la facción Cómocoñoseabreesto (por lo visto, para algunos abrir una bolsa de M&M’s es inviable sin un libro de instrucciones. Pero no por ello dejan de intentarlo y dar por c... al resto de la sala), la facción infantil “Yo quiero ser Carl Lewis” (como “Pesadilla antes de Navidad” me está aburriendo mazo, me dedico a competir contra mi primo a ver quién llega antes a la fila 16. Quince veces), los Lanzadores de Penaltis (el tipo de atrás que va dando pataditas a tu asiento en progresión geométrica a medida que la tensión del film se incrementa), las Tertulianas del Día del Espectador (esas afables ancianas que van al cine los miércoles tarde con el único objetivo de charlotear sobre sus nietos. Lo cual no supondría ningún problema si no lo hiciesen DURANTE la película)... Y sólo he enumerado algunos. Son pequeñas células independientes, al estilo Al-Qaeda, cuyo único propósito es atacar frontalmente el sistema nervioso de la Comunidad Cinéfila. Se recomienda, en estos casos, ir al cine armado con toneladas de paciencia. Una sierra mecánica marca Voorhees también ayuda.

To be continued...

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NOCHE Y DIA DE CELULOIDE



Tercera parte: el director es la estrella
Ya estamos en otra generación, ahora los directores de cine no son gente que ha aprendido de la vida y expresa sus vivencias en la pantalla, sino personas que han aprendido de la vida a través de las películas. El director es un cinéfilo, que tal vez haya sido antes crítico de cine y por fin se ha decidido a haber realidad su vocación frustrada.
La noche americana nos habla perfectamente del juego de apariencias del cine. “El cine es la verdad a 24 imágenes por segundo”, dijo Godard. No es cierto. El cine es la mentira a 24 imágenes por segundo, tan falso como la “noche americana”, capaz de aparentar la noche estando de día. Pero eso nunca nos ha importado, mientras la mentira esté bien contada y nos la creamos.
Un director, Ferrand (François Truffaut), de amplias referencias cinéfilas (cahierista, para mas señas) y sordo, como su admirado Luis Buñuel, se propone dirigir una película llamada “Os presento a Pamela”. Pronto empiezan a surgir inconvenientes: la actriz que no recuerda una frase, el extra que aparece en el momento inoportuno, la luz no adecuada, un gato que no hace lo que debe... Al fin y al cabo, no son mas que pequeños problemillas como los de cualquier rodaje. Pero la cosa se complicará mas cuando la vida personal de los componentes del equipo interfiera en el proyecto: rupturas sentimentales, muertes y embarazos inesperados harán que se tenga que modificar la historia, descartar parte de lo rodado, hacer retoques, cambiar el plan de rodaje...
Si la película que se está rodando, “Os presento a Pamela” es un drama, no lo son todas las vivencias de la compañía, todos son tratados con cariño y una ligera sonrisa: el galán con nostalgia del pasado (Jean Pierre Aumont), la temperamental diva italiana (Valentina Cortese) a quien le gustaría ensayar “como con Federico”, el actor joven caprichoso y enamoradizo, que aún se cree Antoine Doinel (Jean Pierre Leàud), la bella estrella americana (Jaqueline Bisset), tan insegura que se ha casa tan sólo porque su marido le ofrece estabilidad. Cada uno de ellos, a la que explique el argumento dicen que ellos son los protagonistas (ese ego...). El director tiene que hacer de confesor, amigo y asesor de todos ellos, intentando solucionar sus problemas y tomando notas de sus reacciones, que le pueden servir para cualquier escena. Como dice Ferrand, el director es “una persona a quien todo el mundo hace preguntas”; eso no quiere decir que tenga las respuestas, ni siquiera a la de “¿las mujeres son mágicas?” (¿quien lo pregunta? ¿Harry Potter?), pero lo intenta, aunque tal vez te dé el diálogo la noche anterior y tengas que aprenderlo a toda prisa.
Al final, haciendo honor a la frase “el espectáculo ha de continuar”, la película saldrá adelante, probablemente no como había imaginado el director... pero eso ya es otra historia.
Para alguien tan cinéfilo como Truffaut, su sueño recurrente no podía ser otro: él de niño acercándose a un cine para robar las fotos de Ciudadano Kane. Y colorín, colorado, esta trilogía se ha acabado.
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EL HOMBRE DE ACERO


En algunos comentarios de mi patillera crónica de los Oscars, advertí con regocijo una corriente de simpatía hacia Manoj Night Shyamalan, tan apaleado en los últimos tiempos. Reivindiquemos a Shyamalan. Mimémosle un poquito, acurruquémosle en nuestro regazo cinéfilo, después de haberse llevado dos Razzies (Peor Director, Peor Actor de Reparto) y, lo que posiblemente le resulte más humillante, el YoGa Pepito Piscinas al Peor Director, todos por “La joven del agua”. Nótese que todos los “premios” (las dos nominaciones Razzie en las que “fue derrotado” eran Peor Película y Peor Guión) se los lleva in person, lo cual nos lleva a la conclusión de que el personaje no despierta muchas simpatías precisamente. Lo cierto es que el mundillo crítico USA le ha atomizado, el público le ha girado la cara con despecho (ya no me das lo que te pido, me voy con otro) (por ejemplo... Sacha Baron Cohen), y las productoras empiezan a verle como veneno para la taquilla. Que nos encontremos en esta situación sólo unos años después del impacto nuclear que resultó “El sexto sentido” resulta inverosímil, pero así es el desalmado universo artístico: vales lo que DICEN que vale tu último trabajo. “El protegido”, segundo filme del director de origen hindú, devino el inicio de la paradoja Shyamalan: él hacía una película, y los productores y el público la confundían con “El sexto sentido”. Y así hasta hoy... Anuncio de servicio público: si alguien en la sala no ha visto todavía “El protegido”, que se abstenga de seguir leyendo. Para analizarla con un mínimo de vuelo, no me queda más remedio que destriparla. Así que no me lloréis luego...

El primer problema, como en todas las películas del gran director hindú, es... el trailer. Observen, impúberes querubines, cómo se puede falsear, desde la misma publicidad, el tono de lo que se pretende vender: ¿es o no es doloroso como un tacto rectal de El Increíble Hulk? Pues así una tras de otra. No, “El protegido” no es “El sexto sentido 2: tito Bruce vs. El Cuervo”, es... una película de superhéroes. Esa es la gran sorpresa de la película. El final uno se lo puede imaginar, si descodifica correctamente los códigos del film; pero el golpe inesperado viene cuando uno reflexiona sobre lo que está viendo, y comienza a compararlo con, pongamos por caso, el “Superman” de Richard Donner. La cinta se abre con, nada más y nada menos, que con la génesis del villano, la angustiosa escena en la que nace Mr. Cristal al calor de la familia, y enseguida se dan cuenta de que algo ocurre con el crío: sus brazos y piernas están rotos. Al respecto de esta escena, hay que señalar que Shyamalan la rueda casi toda frente a un espejo que nos enseña lo que está sucediendo: esto no es casualidad, puesto que Mr. Cristal (Samuel L. Jackson, magistral) se nos va a ir apareciendo sucesivamente reflejado en otros objetos (un cuadro, una tele). Es la manera metalingüística de explicarnos que el personaje se encuentra en la búsqueda de su antónimo, de su antípoda. Luego se nos muestra al héroe, David Dunn (tito Bruce, contenido, excelente), en un tren, apesadumbrado, con cara de oficinista amargado, que esconde el anillo de casado para iniciar un esbozo de ligue que se queda en eso, un esbozo. Luego el accidente, que no llegamos a presenciar (una buena elipsis define a un buen director), el hecho intrigante y desencadenador (el hombre no tiene una sola rascada), y el detalle que, en un único plano, nos describe qué pasa en casa de los Dunn: tras un frío beso de su esposa (Robin Wright Penn), el hijo les une las manos, tratando desesperadamente de fingir una familia unida. A raíz de este acontecimiento, los hechos comienzan a precipitarse: Mr. Cristal cree haber encontrado lo que busca, su némesis, y David Dunn, con la mirada absorta y empadrada de su hijo (que, como buen aficionado al cómic, es el que mejor entiende la situación), descubre, a cucharadas, que quizás hay algo especial en su interior que puede hacer que se volatilice la tristeza que le acompaña todas las mañanas al despertarse... David Dunn es la encarnación en el mundo real de los hiperbolizados superhéroes de cómic, con sus superpoderes (intuición para descubrir al malo-maloso de turno, fuerza superior a la normal) y su kryptonita (el agua, que tiene una función similar en “Señales”... ¿cada cuánto te duchas, Manoj?), y por fin conoce su destino; así que se embute el supertraje (el chubasquero, ay si le viese Edna Moda) y se enfrasca en su primera misión, un éxito a medias que resuelve con una pelea fuera de los cánones del género heroico, sucia, abigarrada y mas bien barrriobajera. El final nos revela que Mr. Cristal es, efectivamente, el archivillano de la historia, quien, un poco al modo de John Doe en “Se7en”, triunfa a pesar de su captura: su éxito es completo al haber descubierto a su némesis.

El filme, como todos los de M. Night Shyamalan, es de un corte visual impecable, pulcro, elegante como un smoking (obsérvese el lento contrazoom de la entrevista del médico a Dunn, con el penúltimo superviviente muriéndose en difuso primer plano). Se toma el asunto muy en serio, sin caer en la fácil parodia de un arte menor (los cómics) con tendencia a la ridiculización, y se preocupa de sus personajes. La disección de la disfuncionalidad familiar de los Dunn es irreprochable, aunque la palma se la lleva ese supervillano manipulador, sombrío y extraordinariamente humano que le ayuda a componer ese bendito Samuel L. Jackson. “El protegido” es, quizás, la mejor, la más redonda película del ingenioso director hindú; por lo menos, merece la adoración de los aficionados al cómic, por tratarles con tanto respeto. Claro, luego llega “El peluquín fantasma” y lo estropea todo...
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CAUTIVO DEL CINE



Segunda parte: Los estudios son la estrella
Llegamos a la época dorada de los grandes estudios. Sus propietarios tenían una personalidad tan acusada que eran capaces de darle un estilo determinado a una película, crear y moldear a las estrellas a su manera, eligiendo que películas habían de rodar, que tipo de personajes habían de interpretar, sujetándolas con contratos prácticamente de por vida y controlando su vida privada. Siempre eran los que tenían la última palabra.
Vincente Minnelli no sólo fue el padre de Liza, era tan hábil dirigiendo elegantes musicales de la Metro con un magistral uso del color, como fastuosos melodramas o elegantes comedias. Cautivos del mal (o The bad and the beautiful del original) casi podría decirse que es un melodrama, por la intensidad de los sentimientos de los protagonistas, pero es mucho mas que eso, y en blanco y negro, como las buenas.
Una llamada telefónica de Jonathan Shields (Kirk Douglas) hace que una serie de personas recuerden como lo conocieron y como influyó en sus vidas: el productor Harry Pebbel (Walter Pidgeon), la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner), el director Fred Arniel (Barry Sullivan) y el guionista James Lee Bartlow (Dick Powell). Todos tienen ahora una magnífica posición, son unos triunfadores, sin embargo Shields ha quedado en el olvido y ahora quiere unirlos a todos en un proyecto que significaría su regreso.
Shields es un grandísimo hijo de la gran bretaña, y está formado tomando por referencia a los míticos directivos como Val Lewton, David O’Selznick y Darryl F. Zanuck, siendo clarísima la referencia al primero en el uso de el terror a lo que no se ve de La mujer pantera. No le importa a quien tiene que manipular, con tal de conseguir lo que quiere, y tiene las ideas muy claras; ni director ni guionista ni puñetas en vinagre, sólo él sabe como ha de ser la película, fotograma a fotograma, con el “toque Shields”.
Lo malo es que el precio es muy alto, y poco a poco irá dejando atrás en el camino a sus amigos y a la mujer que ama (si es que es capaz de amar a alguien), aunque curiosamente cuando le dejen es cuando triunfan, ya que él ha sabido sacar lo mejor de cada uno, por mucho que les duela reconocerlo.
El personaje de Lana Turner, como mujer a la sombra de un padre famoso que recuerda mucho a John Barrymore (el abuelo de Drew) tiene sus similitudes con el de Douglas; los dos tienen un recuerdo de un padre que les ha marcado, para bien o para mal.
Kirk es perfecto para el papel de hombre ambicioso sin escrúpulos, derrochando seguridad, un ligero cinismo y un poder sexual que no duda en usar cuando le haga falta. ¿Qué se puede decir de alguien que, a la que una mujer le mira totalmente enamorada, le dice “¡Esa es la mirada que quiero para la escena de mañana!”?. Pero cuando finalmente consiga su sueño, dirigir una película, decide no estrenarla, ya que no está a la altura de lo que esperaba y no se merece llevar el título “John Shields presenta”. ¡Toma ya! ¡Ojalá fueran capaces algunos-que-yo-me-sé de hacer algo así!
Hay unos ciertos parecidos con Ciudadano Kane: el uso del flash back, el retrato de alguien poderoso que ha acabado solo, y el escudo que encabeza la película, que recuerda a los letreros de la mansión de Xanadú de Prohibido el paso.
Finalmente, Minnelli al cabo de los años dirigió la que podría considerarse como una continuación de esta película, Dos semanas en otra ciudad, de nuevo con Douglas como protagonista, aunque aquí interpreta a un actor, y en esta ocasión nos sumerge en la Italia de Cinecità y la dolce vita... pero eso ya es otra historia, y para eso necesitaría otra trilogía.
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AMERICAN GEOGRAPHIC


Hace algunos días tuve la ocasión de leer en la página amiga “Blog de cine” un post que informaba del próximo estreno en un festival americano del documental “Manufacturing dissent”, de los directores Rick Caine y Debbie Melnyk. El documental analiza la carrera del celebérrimo Michael Moore, desde una perspectiva, por lo visto, de “amabilidad decayente”, después de escoltarle cual apóstoles durante la promoción de “Farenheit 9/11”; aunque son seguidores del orondo director, poco a poco van descubriendo que no es oro todo lo que etc., hasta el punto de que se publicita en la reseña del film que no fueron capaces de concertar una entrevista con Michael Moore (en paralelismo a la entrevista que Moore no pudo hacerle al presidente de General Motors, Roger Smith, en “Roger & me”) (aunque malas lenguas dicen que sí hubo entrevista y que se quedó en la sala de montaje). Este documental se pone a la cola de otro denominado “Michael Moore hates America”, o un libro de kilométrico y sutil título: “Michael Moore is a Big Fat Stupid White Man" (¡Dios mío! ¡Le ha llamado “blanco”!). Este pequeño anecdotario revela de manera precisa en lo que se ha convertido el geniecillo cabreado de Flint: una parodia de su propia voz crítica. La factoría Moore, hoy en día, mueve ingentes cantidades de dinero y, aunque esté enfrascado continuamente en donaciones de carácter benéfico, la imagen de maquinaria industrial elefantiásica se ha adherido a su imagen. Es el precio de salir a hacer política desde el amateurismo... Moore se había convertido a través de documentales y programas de TV (recomiendo vivamente un episodio de su “The awful truth” en el que se recorría la América profunda en una camioneta rosa llamada "sodomóvil" plena de locazas cantarinas medio desnudos, abriéndose paso entre “manis” en las que se berreaban consignas del tipo “Dios envió el SIDA para acabar con los maricones. Gracias Jesús”) en un fenómeno mediático y popular, y decidió dar un paso al frente. Por desgracia, “Farenheit 9/11” fue utilizada groseramente por los rivales políticos de Bush (y Moore es tan culpable como los demás), y lo que consiguió fue el antónimo de su propósito inicial: levantó en armas a la derecha, y despertó el voto dormido. Aquella foto promocional de Moore agarrado de la manita con Jorgito Bush jr. acabó siendo todo un presagio...

Bowling for Columbine” fue la punta del iceberg Moore. Un documental excelso, hemorrágico, manipulador, excesivo, regocijante, megalomaníaco, lúcido en muchas ocasiones, demagógico en otras... Un espectáculo como nunca se había visto en el género. A través de un montaje celérico e imaginativo, realizado con un imperial sentido del sarcasmo, Moore se monta en una noria de reflexiones, teorías y pensamientos cruzados acerca de la problemática de las armas en Yunaitedesteits desde un absolutista subjetivismo. En este sentido, el señor Moore no engaña a nadie: es el protagonista del film, aparece en buena parte de los planos, narra en primera persona como si fuese el profesor de una clase de tres alumnos, combina estados de ánimo a gusto del consumidor... Se ha criticado mucho el efecto manipulador de los datos e imágenes con las que nos ametralla durante cien minutos. Pero yo me pregunto: ¿No es el montaje, en sí, subjetivismo y manipulación? En cuanto a una noticia o documental le aplicas el primer corte, ya estás decantándote; ergo, no sólo el travelling es un punto de vista, sino que el montaje también. Marcbranches dixit. Moore pone en práctica el monólogo interior durante el documental, trasluciendo sus dudas y el tránsito de diversas teorías (la venta libre de armas, la historia sangrienta del país, el miedo como motor vital e histórico del país, las carencias educativas y sociales), enfrentadas la una a la otra, a través de datos, cifras, experiencias personales y entrevistas con personajes relacionados de una u otra manera con Columbine o eventos similares. En este último apartado, es necesario destacar las intervenciones límpidas y preclaras de dos personajes famosos, Matt Stone y Marilyn Manson, este último demonizado durante aquella época después de saberse que los autores de la masacre eran seguidores suyos. En cuanto al tono del documental en sí, sin abandonar más que en momentos puntuales el salubre tono sarcástico (el modo de mostrar la tragedia de Columbine, sobrecogedora, desde las múltiples llamadas al teléfono de emergencias con el fondo de las imágenes de las cámaras de seguridad del colegio), poco a poco va tornándose más trascendente y circunspecto, hasta llegar al final made in Hollywood, y nunca mejor dicho: un Charlton Heston, a quien durante el filme le hemos visto agresivo, desafiante, firme y bravucón en sus discursos de la Asociación Nacional del Rifle, que durante la entrevista con el director poco a poco va dejando caer la endeblez de sus argumentos, sin remisión, hasta abandonar el ring como un anciano (vital y moral), sin siquiera toalla que arrojar, cansado y vapuleado por la foto de una niña de seis años fallecida por un disparo de un niño en su colegio. Un final, como he dicho, que, independientemente de la opinión personal de cada uno al respecto, confirma a Michael Moore como un excelso pianista del espectáculo, sabiendo tocar en cada momento las teclas adecuadas. Charlton, hijo, has quedado marcado para siempre.

En definitiva, un experimento I + O (investigación + opinión) que acaba siendo una quirúrgica deconstrucción de América y el americano medio. Quizás con “Sicko”, su nuevo trabajo, en este caso sobre el sistema sanitario americano, Michael Moore recupere parte del prestigio desgajado durante su zambullida política. Ojalá, porque, se esté de acuerdo con él o no, un personaje como este es absolutamente necesario para que alguien, desde fuera de su ámbito, les mordisquee perrunamente la pernera del pantalón a los políticos.
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¿QUÉ SIGNO ERES?



Experto en videoclips, el salto de David Fincher a la dirección ha sido uno de los mas interesantes de los últimos tiempos; películas como Se7en o El club de la lucha han demostrado que vale la pena estar pendiente de él. Aunque ahora ya está metido en pleno rodaje de The curious case of Benjamin Button, donde Brad Pitt interpreta a un hombre que va rejuveciendo progresivamente, todavía estamos a la espera de ver Zodiac, inspirada en el caso de uno de los mas famosos psycho killers de los Estados Unidos, que nunca fue atrapado. Para ello se ha rodeado de un reparto magnífico: Robert Downey Jr, Jake Gyllenhaal, Brian Cox y Mark Ruffalo. La cosa promete.

 
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